Patético. Patética es tu hipocresía, tu estúpida sonrisa imborrable, una que tras un dulce semblante oculta barbaries. Tu moral, oh, loable afán por elevar el estandarte de su nombre y hacer que arda en llamas cuando conviene. Dios te saluda, el diablo también. crees que juegan a la guerra de los titiriteros entre justos y pecadores, pero en realidad no les importas, egocéntrico. Asqueroso mártir de deseos, imperturbable mirar. Coge tu inagotable vanidad, bébete tus engaños y atragántate con ellos. Caete encima de un hacha afilada, córtate la cabeza y agoniza. Con un poco de suerte Dios y satán jugarán a la petanca con ella. Ahí, haciendo justicia a su vejez, chocheando a más no poder. Lo hacen, ¿cómo explicarías sino la inutilidad que poseen para gobernar un mundo de mierda y aniquilar a los mártires sobrantes? Je, mira cómo se ríen los cabrones.

¿Qué pasa? Algunos se inventan que ven el futuro y otros que tienen amigos. Mi mentira al menos es original... lástima que las mejores mentiras son aquellas que más se acercan a la verdad.





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Lunnaris Oloori
Faty


Ella prevalecerá. Eso es algo que todos intuimos y nadie manifiesta en voz alta quizá por arrogancia, quizá por miedo. Algo que se instala en nuestros adentros, algo que nos arranca suspiros de vanidad que pugnan contra el afán de abandonar un alarido infernal, que no contento con apelar el nombre de la ascensión, teme descender y volar a ras de la desazón. Congela nuestras entrañas el miedo a que las ramas escondan los cielos del mañana, que redunden las ilusiones del ayer y que masacren los pilares construidos en honor al recuerdo y al sueño imperecedero. Dar un paso, sentir la caricia de las brumas del tiempo, dar otro paso y sentir que comienzas a hundirte, no sabes si has tropezado o si realmente te has topado con las arenas movedizas que la cobardía alimenta con su vileza.

No lo sabes. ¿Es el egocentrismo de tu presunta miserable existencia aquello que te ciega o realmente necesitas una caricia para recordar que sigues vivo?

Aparté los cadáveres que, tentados por la promesa de la ascensión libertaria, envolvieron de carmesí mis manos. Ahora su recuerdo descansa alrededor de mis muñecas en forma de elegantes cintas de color rojo fuego, cintas que ondean deseando desprenderse del encadenamiento al que han sido sometidas. Aquellas pobres víctimas no sabían que abrazar la libertad que sólo la Ascensión puede brindar, es una invitación a la susceptibilidad frente al descenso, un placer auto destructivo cuyo afán es llenar la atmósfera de plenitud. ¡Y esa plenitud es verídica, por supuesto, pero la pena nos envuelve cuando el néctar de la vida escapa por una grieta reciente, cuando una de las cintas escapa de su prisión y se deja caer en el fango de la desesperación! ¿Lo más gracioso de todo? Después te empeñas en recuperar la cinta, arrebatar su dolor con la suave caricia de las aguas cristalinas y volver a recuperar la sonrisa que luces día a día. Eso de la constancia funciona aunque a veces parezca una estupidez que te suelta cualquier ignorante con tal de quedar bien.


Derroté hasta al último de mis enemigos, los masacré con furia enfermiza y los bosques lloraron las muertes de mil máscaras sufrientes y convicciones quebrantadas. Sonreí y suspiré aliviada cuando me percaté de que la batalla había virado a mi favor, pero... ¿de veras es sinónimo de victoria una guerra en la que ha habido tantísimas muertes? ¿O sólo es otro reflejo de la vanidad del ser humano? ¿O una prueba inequívoca de que algo te importa demasiado?

E
lla prevalecerá. Eso es algo que todos intuimos y nadie manifiesta. La esperanza guía nuestros pasos, sientes la chispa que te mantiene con vida hasta en los momentos de caos interior, como el que experimentas en estos instantes. Una melodía compone la banda sonora de nuestras vidas, nos llena de ánimo cada vez que desfallecemos, nos devuelve las fuerzas perdidas y espanta los fantasmas de la vanidad y el egoísmo. Inunda de belleza nuestras mentes enfermizas, vuelves a imaginar escenas dignas de cuentos de hadas donde la sangre se transforma en rosas rojas y las cintas, en nuevas canciones que en tu mundo nacieron para sosegar el lamento de tu ánima insaciable y eternamente maravillosa.

Ella prevalecerá, eso es algo que todos intuimos y nadie manifiesta. ¿Quién es ella para ti?
Para mí, la música.
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Lunnaris Oloori
Fátima.


Cuando ya me había tranquilizado, sentí una punzada extremadamente dolorosa en la ingle; me había clavado el mismo cuchillo que dejé caer a cambio de su supervivencia.

Junto con aquellos brotes carmesíes que teñían las arenas que pronto se convertirían en mi lecho de muerte, vi como se desvanecían mis sueños y esperanzas. Delirios y alegrías. Mentiras y verdades. La vida, mi vida, nuestra vida... todo, nada.

¿Cuál era la herida más dolorosa?

No sentía nada, ni siquiera la humedad que empañaba mis ropajes, ni siquiera la dura caída que me había provocado la súbita cojera.

Me llevé la mano sobre el corazón y me aferré con fuerza a la blusa como si tratara de detener una hemorragia de emociones que amenazaban con desembocar en un sollozo de desesperación. Aquella era la auténtica puñalada.


Entonces escuché una caricia perdida en el tiempo que intentaba endulzar un "hasta luego".

Entreabrí los ojos buscando los suyos con la esperanza de contemplar la belleza antes de abandonar aquel mundo. ¿Era eso una lágrima?
De pronto se hizo la oscuridad. Oí gritos y un pálpito. No pude ver nada.

-Duerme…- Dijo tras obligarme a respirar un paño húmedo que me hizo caer en un profundo sueño vespertino.

-No, no quiero dormir. No ahora que he despertado. Sólo quiero arrancar los cortinajes que vetan la entrada del fulgor de la noche. En mi memoria evoco tu recuerdo al ritmo de aquellos minutos que ahora, en forma de granizo, se van clavando sin piedad en mis espaldas aumentando así la violencia con la que se imprime esta creciente añoranza.


Busco tu mano con ansia y no la encuentro. Palpo el suelo desnudo con afanosa vehemencia, y sigo sin encontrar nada.


Los ríos de la vida ahora vuelven a despertar al abrir los ojos siguiendo la comanda de tu voz. Esta dibuja ondas que perfilan sus aguas con líneas sinuosas que se materializan en un beso, una carcajada y un deseo común. Cada lagrima derramada es la manifestación traicionera del anhelo que compartimos y mimamos como si de música se tratara. Éste sonríe, nos envuelve, nos embauca, nos obliga a desearnos más y más. Y cae la lluvia, y sueño con cubrir tu cuerpo desnudo. Ser el bálsamo que humedezca la lluvia de tus pensamientos, las manos que vistan lo recóndito de tu infinita pasión, los murmullos que eleven cada poro de tu piel. Ser la vida que el porvenir nos prometió aquella noche en la que el sueño me traicionó con el fin de otorgarme una recompensa mayor.


Ser el camino que juntos pavimentaremos para vencer a los reyes de la desazón, curar la herida de la puñalada maldita y sustituir una lágrima por una caricia. Una pasión desatada. Una vida.

Nuestra vida.

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Lunnaris Oloori


Jugaba, jugaba entusiasmado.

Entre sus manos portaba el dominio del mundo entero, o quizá el de su propio universo. Sonreía de oreja a oreja, sus ojos chispeaban de emoción, la ilusión aumentaba y un delirio fugaz cruzó sus más ocultos pensmaientos.

¿Y si se colaba en aquella dimensión?

Pum. Sonó de fondo.

¿Y si se dejaba llevar un poquito más? Se acercó al foco de sus deseos...

Pum. Sonó de fondo.

Ya quedaba menos, sólo tenía que extender la mano, cerrar los ojos y olvidarse de su existencia para lanzarse a una totalmente nueva.

Pum. Sonó de fondo. El ruido se aproximaba lenta y sinuosamente, amenazante y terrorífico.

-¡Ya estoy en casa!-

Demasiado tarde. No podía huir, estuvo a punto pero, como otras tantas veces, las ataduras le impidieron alzarse. Pobre muchacho inválido, solitario e infinitamente desgraciado. Tan sólo deseaba ser como aquellos héroes de película, como Squall o cualquier otro personaje de videojuego. Pero ellos tenían piernas y un mundo a su disposición, él, en cambio, estaba al servicio del mundo, o mejor dicho, de su captor.

-Pero ese fulgor era tan y tan real...-
-Ven.-
-Voy.-

Se arrastró con dificultad y extendió la mano, parecía que la pantalla iba a consumirle pero de pronto... ¡Pum! El sonido se materializó en un portazo. Ahí estaba su peor enemigo, su padrastro.

-¿Cuántas veces te he dicho que no puedes jugar con eso?-
-Ninguna... ninguna... ninguna... ¡Ninguna más!-

Apretó el botón "X" y, automáticamente, el niño desenvainó una espada haciendo gala de una detreza magistral. La sorpresa se reflejó en todas y cada una de sus facciones obligando a que sus ojos se abrieran de par en par mientras sostenía la susodicha espada. ¿Qué había ocurrido?

-¿De dónde ha salido eso? ¡Sueltalo!-

El niño, en un acto reflejo, volvió a apretar el botón "X" y su mano, veloz como un rayo y con la habilidad del mejor de los guerreros, le dirigió una estocada mortífera a su padrastro allá donde se situaba el corazón. El carmesí tiño sus ropajes del suave y liberador aroma de la muerte. Desdichada suerte. Los alaridos se acompasaron con la banda sonora del videojuego que trabajaba sin descanso en la consola. Apretó nuevamente el botón "X" y la última estocada arrebató su última gota de existencia maldita.

Gritó, cayó y murió.

Él, atónito, se contempló a si mismo. La sorpresa no venía a raíz del asesinato que había protagonizado, sino a que se encontraba de pie, sin ningún esfuerzo. Hacía años que era inválido y ahora, como si nada hubiera ocurrido, contemplaba desde lo alto el cuerpo mutilado de aquel que había destrozado su vida.

¿Magia? ¿Y qué ocurriría si...?

Apretó una secuencia de botones ininteligible y un haz de luz envolvió su cuerpo. Ya no había rastro del niño... tampoco del cadáver.


Horas después, una niña pequeña entró en la habitación y descubrió que el mando de la consola había desaparecido, acto seguido, posó su mirada sobre la pantalla que tenía delante y al percatarse de lo ocurrido, sencillamente gritó. ¿Qué hacía su hermano recorriéndose los confines de Wyzima dentro de la pantalla? ¿Por qué en el inventario salía como trofeo la cabeza de su padre?

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Los gammers/roleros no estamos tan zumbados porque básicamente es imposible que ocurran estas cosas. Pero creedme, hay veces en las que ganas no faltan de quitarle toda la VIT a según que despojo humano, de huir de todo aquello que atenaza nuestra calma, sumergirnos en nuestro pequeño mundo y, sencillamente, dejarnos llevar por lo que dictan nuestros corazones y sueños.
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Fátima Ceballos Taidy


Un ladrillo acaba de caer, el otro cede, el próximo se detiene cuando por fin había alcanzado la cumbre de los cielos. Sus lacayos contemplan atónitos el cambio de rumbo que el tintineo del futuro incierto sugiere no con desdén, sino con hastíos indómitos. El virar del viento deja escapar un alarido a merced del imponente destino, el cual se encarga de sesgar con rabia las pieles de aquellos idealistas que lejos de estar cerca de la verdad, por un solo instante se creyeron los reyes del universo.

El castillo se desmorona.

Cae un ladrillo, el otro cede, el próximo se detiene...

Su alma se carcome, cree encontrar la clave, pero ésta alza el vuelo y surca los cielos que el castillo desahuciado no fue capaz de alcanzar. Los idealistas contemplan de lejos su obra aparentemente derrotada, una lágrima sufriente se derrama, un abrazo sincero rodea el cuerpo del caído en batalla y un beso se pierde en pos de las estrellas que caen del firmamento con el único fin de bañar los cuerpos de los artistas creadores de mundos y tejedores de sueños para que no necesiten de otro fulgor que el de ellos mismos para iluminar el sendero reclamado por sus corazones desgajados.
La sonrisa de la vencida aflora en sus labios cansados de tanto esperar, la esperanza vuelve a hacer acto de presencia y los ladrillos recuperan el ritmo perdido. Ahora sus cuerpos brillan con los destellos otorgados, acarician con yemas de seda sus almas de parte a parte alejando toda duda que éstas pudieran albergar hacia la belleza que les rodea. Hacia la realidad deseada y pertenecida. El amor les envuelve, les mima y acuna. El amor protege y ampara a aquellos que son capaces de aceptarlo de buena gana.

Se atisba de lejos un imponente castillo cuyo idealismo arquitectónico, no es más que un reflejo de los sueños que pronto materializarán en un beso el día en el que finalmente hagan el amor y no la pena.



Tye malane.
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Fátima Ceballos Taidy


Cada sílaba caída es como na lluvia de palabras que, al regresar a los brazos de sus océanos y ríos, forman oleajes de ideas tan poderosas que con una simple tormenta o un maremoto podrían cambiar el mundo.

Supongo que por eso los libros, la cultura y el mundo de las ideas son espectos tan poderosos a la par que peligrosos y temidos.

¿Y qué tiende a hacer el ser humano cuando algo se le presenta como una amenaza o simplemente le espanta?
Quitárselo de en medio.


Fátima Ceballos Taidy
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El espíritu de la luna creciente se mece entre conjeturas de futuros inciertos y vacuas esperanzas de que el impío maleficio culmine con un final feliz digno de novela.

-Déjame, déjame, déjame!- Masculló antes de ser alcanzada por el maleficio de la Bruja de la Gula. Aquella pobre criatura en ogro se convirtió y su hermosura en pútrido moho se tornó. Su rostro, antaño bello y ceniciento se quebró con la tempestuosidad de su peor enemiga; ella misma.

Miles de asquerosos aldeanos la buscaron sin descanso, deseaban contemplar su rareza digna de todo poeta, pero no encontraron lo que deseaban. El ogro saludaba anhelante a la Muerte, una que sonriente daba las buenas noches mientras se nutría de insultos y pedradas que arremetían contra la inocencia de la dama maldita. Y pensar que sería tan fácil como darle una patada en el estómago para hacer que vomite vísceras y todo lo que sobre...

Sola, sola se había quedado a merced de sus lágrimas y su cuerpo ensangrentado. No podía sonreir, no con aquellos dientes ahora amarillentos. Abrió los ojos y contempló su reflejo posado sobre las aguas del lago, uno distorsionado y aparentemente más horripilante. No se atrevía a rozarse a si misma, no cuando se creía gruesa y llena de bultos amarronados y escamas verdosas incrustadas de roña. ¿Y su voz? Oh... su voz de sirena seguía intacta. Un ogro con voz de sirena.

Pero...

La guerra de los mil huracanes había comenzado y la luna llena asomó en el firmamento. Entonces, un rostro familiar en su semblante se posó dando lugar a la inminente metamorfosis que ella protagonizaría para volver al pasado.

-Ah, los cuernos de guerra masacran mis oidos y mi corazón palpita sin freno ¿Es por la ausencia de paz? ¿Es porque he vuelto a encontrarme o porque me estoy perdiendo aun más?-

Y mientras tanto, el sonido metálico de las espadas y las armaduras de plata perforaron la calma del bosque y de carmesí tiñieron las hojas de otoño. Dos países en guerra, dos mundos y mil maremototos de pasiones indómitas que culminan en muerte y sufrimiento quebraron el equilibrio del mundo. ¿Por qué luchaban?

Porque la princesa había huido, o mejor dicho, había sido expulsada. Había crecido. ¿O quizá fue a causa del adulterio? ¿Es que nadie comprendía que casarse forzosamente era insoportable?

-Esas noches de luna llena bajo la copa del sauce maldito y unos labios ajenos a la fidelidad...-

Lástima que el sueño llegara a su fin cuando la luna comenzó a menguar. Su rostro volvió a mutar y su cuerpo también, sin embargo, aun conservaba algo de humanidad.
Cuando llegó la luna nueva volvió a ser aquel ogro del que todos se mofaban y huían al mismo tiempo. Él incluido.

-¡Soy yo!-
-Calla, engendro.-

Se sumó a las pedradas de la muchedumbre, a los insultos del gentío y a las carcajadas llenas de crueldad. No, aquel no era el Vann que había conocido. No era aquel el cuerpo que ella deseaba, no era lo que había planeado.

Y al llegar la luna llena volvió su belleza. Volvió a probar bocado, volvió a ser una mujer de cuento de hadas. Ya no le enolvía aquella hastiante rareza, por fín podría lanzarse a los brazos de su amado. Sólo por una noche.

-¡Soy yo!-
-Sí, mi dulce espíritu.-

Cayó otra vez el cuarto menguante, la fealdad nuevamente hizo acto de presencia. No se miró, tampoco se tocó. Simplemente se dirigió al lago de imágenes distorsionadas para mecerse entre ellas, al menos hasta que sus fuerzas se lo permitieran.

-¡Me corrroe, me corroe el temor, me mata la perfección, me aniquilan los nervios! Y me siento débil, me siento tan hermosa incluso ahora que la luna está menguante... vuelvo a ser una princesa. Por fín soy una princesa. Una débil y bella princesita.-

Nadie dijo que ser una princesa fuera tarea fácil. No, nadie fue capaz de advertírselo a tiempo. La muerte se había adelantado. Ahora el cuerpo de la joven, uno esquelético y lleno de cicatrices descansaba sobre un ataud de mármol. A la próxima luna llena sería enterrada con una corona de plata, un vestido de novia y un ramo de rosas blancas.

Nadie dijo que lidiar con la anorexia y la bulimia fuera tarea fácil y menos aún cuando el mundo está plagado de escoria superficial, desprovista de ánima y falta de empatía como muchos de vosotros. ¿Cuándo os daréis cuenta de que vuestra estupidez es incluso más criminal que aquellos a los que juzgáis? ¿Es que no veis que con esa actitud no hacéis más que matar gratuitamente a personas que se merecen más el aire que respiráis que vosotros? Oh, pútrida moral la que predicáis y pútrida hipocresía la que irradíais cuando os llenáis la boca de altruismos y banalidades que al final sucumben en lo mismo; egosimo barato y decadente.

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Fátima Ceballos Taidy

Bosques de Cristal

Paz y Belleza. Ellas son sin duda alguna, las protagonistas del paisaje nocturno que se halla ante ti. Los cielos poseen un fulgor violáceo y azul marino; un brillo perpetuo, una danza lumínica perpetua.
El aire que se respira es fresco y natural, muchos aseguran que semejante brisa milagrosa tan solo puede ser obra de una caricia celestial.
Y las aguas danzan tranquilamente al ritmo que marcan los vaivenes del viento.

A medida que vas avanzando, te percatas de algo extraño; A pocos metros de ti, puedes apreciar un pequeño grupo de árboles cristalizados. En sus troncos vidriosos se hallan unos penetrantes ojos záfiro que se clavan en los tuyos con una intensidad insólita. Te observan, te siguen de cerca...

-Saludos, viajero...- Susurra una voz en tu mente. -En éste lugar a través nuestros rostros cristal, encontrarás textos, algún que otro dibujo y quizá audiorelatos. Se trata de la pequeña creación de una muchacha que a veces dedica su tiempo libre en éste tipo de cosas.-Pausa.- Y sin más dilación, te doy la bienvenida. Espero que disfrutes de tu estancia.-

Sueños Melódicos...

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