By Eru
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Bajo el fulgor de la luna llena aquel galán tendió su delicada mano acariciando sus labios con fantasmas efímeros de hermosas y vacuas promesas.
-¿Haríais el honor de concederme este baile?-
La respuesta fue sí y la muerte a todos nos atrapó.
Se tomaron de la mano y comenzaron a danzar, las luces se apagaron y las estrellas en focos celestiales se convirtieron. No pudo oírlo, no pudo oírlo.
Dibujaron círculos en el suelo dejando a su paso enormes despliegues de elegancia y maestría, se sonrieron y siguieron bailando. Ella cerró los ojos y nunca más pudo volver a abrirlos.
-Mía, mía...-susurró con dulzura.
El la había cautivado, ella perdía la noción del tiempo, perdía sus sentidos, se encontraba inmersa en un océano de placer que amenazaba con ahogarla y mecerla para toda la eternidad entre sus cálidas aguas. Lo logró.
Los focos celestiales se apagaron y la penumbra paso a ser la perfecta protagonista del homicidio que se estaba llevando a cabo.
No pudo ver como las tierras comenzaron a devastarse, no pudo oír los sollozos de continentes vecinos pidiendo a gritos la libertad que les había sido arrebatada. No pudo sentir sobre su piel las cándidas muestras de amor que muchos intentaron brindarle. Ni siquiera aprendió a sonreír sin la necesidad de ocultarse tras aquella máscara de sonrisa burlona.
El la tenía entre sus impías garras, la tenía...
-Y ahora dejaos llevar, bella criatura, permitidme mecer vuestros sueños por última vez...-
El abrazó con firmeza el delicado cuerpo de la joven y ella posó su rostro sobre el imponente pecho de aquel que había sellado sus ojos con fantasmas efímeros. Tras besar con dulzura su tierna mejilla, deslizó sus labios con sensualidad sobre su piel hasta culminar en un profundo mordisco en la yugular. La sangre comenzó a brotar y ella trató de gritar, pero no pudo.
El exploró con avidez el cuerpo de la dama deleitandose con su tamaña hermosura, disfrutaba bebiendo de ella, le apasionaba tener el poder para someterla a sus deseos.
Cuando finalmente se dio por satisfecho, separó sus colmillos del cuello de la joven y la dejó caer al borde de la inconsciencia sobre la gélida piedra que antaño fue césped.
-Oh, mi dulce criatura... - empezó a decir sin cesar en sus caricias mientras se relamía con lascivia los labios aun manchados de carmesí. -... mi bella y candente Humanidad, ¿no creéis que conmigo haríais una esplendida pareja?-
-No puedo contemplaros, no puedo oír ni sentir nada ajeno a vos... creo que os amo, ¿no desearíais que nos unieramos en santo matrimonio?- preguntó con voz entrecortada.
-Por supuesto, nada desearía más que poder poseeros, de hecho estamos destinados a vincular nuestras vidas en una sola...
-Entonces, juro amaros y respetaros hasta que la muerte nos separe, Humanidad será mi nombre y Egoísmo, mi apellido.- Esbozó una media sonrisa. -Anhelo formar una familia feliz con vos, Engaño.-
Y así fue como Engaño cautivó a Humanidad y juntos formaron el perfecto matrimonio que todos conocemos. Macabra unión.
Sin embargo no todo está perdido, pues hay quienes luchan contra su impío castigo con el afán de proteger su propia identidad. Me maravillo ante vosotros, bella minoría, espero que me acojáis entre vuestras filas.
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Eru
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