Nota: Antes de seguir, se recomienda leer Leyendas Oníricas I, Leyendas Oníricas II, y Leyendas Oníricas III.

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Negra se tornó la visión, triste la vida y cruel la realidad. Abrí pesarosamente los ojos, como si estos, ya cansados de resbalar entre las sinuosas lágrimas que inundan su pesar, soportaran sobre sus párpados el hastío de lo que culminó con un triste final. Un amargo y triste despertar; el dolor al contemplar el blanco acolchado que cubría las paredes de aquel recinto desprovisto de humanidad.
-Soledad, oh, impía soledad...-
Envolví mi solitario cuerpo en un tierno abrazo mientras surcaba con la yema de los dedos las cicatrices que sobre mi piel creaban una bella obra de arte abstracta. Bella, curiosa y sumamente dolorosa al igual que la herida que mi mundo había sufrido al ser atravesado por la daga de aquello que muchos creían real, una verdad universal, un homicidio inconsciente. Una masacre.

Y de pronto la puerta se abrió.

De ella entraron raudos como el viento portadores de rostros desconocidos y ropajes blanquecinos. Entre sus manos descansaba una jeringuilla tan afilada y amenazante como la frialdad de sus ojos; siempre escépticos, siempre sin brillo. Entonces aquellos seres carentes de bondad arremetieron contra mí anclando violentamente mi cuerpo contra el suelo con tal de acabar con mis vanos intentos de escapar de aquella tamaña osadía; ¿por qué no me permitían besar la libertad? Yo... tenía algo que buscar, algo que encontrar... mi mundo y mi sueño... ¡Oh, ahora recuerdo!

-¡Soltadme, soltadme, soltadme! Condenados retrógrados opresores y maleantes, ¿por qué no me dejáis respirar?- Dije entre sollozos.
-Shh... tranquila, estamos aquí para ayudarte. ¿No te hemos dicho que no debes recurrir a la autolesión? Además... ¿Cómo diablos te has hecho eso? Estas empapada de sangre...- Dijo un tipo de bata blanca con calma y cierta dificultad, pues yo seguía revolviéndome.
-¡Maldita sea, yo no me he hecho nada! Las heridas aparecieron cuando caí otra vez en este infierno disfrazado de blanco. -
-¿Caer? ¿De dónde caíste?-
-De mi mundo.-
-¿Y qué mundo es ese?
-Ese que vosotros habéis destruído con vuestra estúpida medicina. Ese en el que se halla todo aquello que me representa, todo a lo que yo mi amor vuelco y... él.
-Ese es nuestro trabajo, querida. Hemos venido a destruir aquello que perjudica tu mente, cuando sanes podrás volver a casa.-
-¡Mi mundo es mi casa y vosotros queréis apartarlo de mi vida! ¡Dejadme salir!- Grité colérica mientras me revolvía con la ira de doscientosmil huracanes arremetiendo contra una ciudad. Era un grito de desesperación. Era la voz que la injusticia había provocado.
-Una dosis de las fuertes.- Le dijo el tipo de blanco a su compañera, mandato que ella había cumplido eficazmente y sin rechistar. Mandato que me estaba sumiendo en un profundo estado de inconsciencia y pura debilidad.
-Yo... no... estoy loca...- Mascullé con voz queda lenta y arduamente. Las sílabas se atropellaban y las palabras se acumulaban en mi boca deseosas de salir, deseosas de hallar un atisbo de justicia en toda aquella masacre. -Asesinos... asesinos de mentes, homicidas de sueños... -
Y caí.

Aquellos, satisfechos por haber cumplido con su supuesto trabajo, sonrieron y se ajustaron los batines, pero aquella calma desapareció cuando se escuchó un fuerte estruendo proveniente del exterior. Ellos, entre confusos y curiosos, corrieron hacia el origen de la caída hasta que hallaron tendida en el suelo una hermosa cajita de madera entre abierta. Por aquella abertura asomaba lo que parecía un colgante de plata y una figura estrellada con alas de angel en la zona inferior.
-¿De dónde ha salido eso?-
-No lo sé... pero de arriba no puede ser, todas las ventanas están selladas.-

Sí, aquellas ventanas estaban selladas. ¿Entonces qué diantres estaba ocurriendo? Es probable que hubiera caído desde alguna otra parte o que...
... Lo realmente sellado fueran sus mentes.

..

Continuará.
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Eru

Bosques de Cristal

Paz y Belleza. Ellas son sin duda alguna, las protagonistas del paisaje nocturno que se halla ante ti. Los cielos poseen un fulgor violáceo y azul marino; un brillo perpetuo, una danza lumínica perpetua.
El aire que se respira es fresco y natural, muchos aseguran que semejante brisa milagrosa tan solo puede ser obra de una caricia celestial.
Y las aguas danzan tranquilamente al ritmo que marcan los vaivenes del viento.

A medida que vas avanzando, te percatas de algo extraño; A pocos metros de ti, puedes apreciar un pequeño grupo de árboles cristalizados. En sus troncos vidriosos se hallan unos penetrantes ojos záfiro que se clavan en los tuyos con una intensidad insólita. Te observan, te siguen de cerca...

-Saludos, viajero...- Susurra una voz en tu mente. -En éste lugar a través nuestros rostros cristal, encontrarás textos, algún que otro dibujo y quizá audiorelatos. Se trata de la pequeña creación de una muchacha que a veces dedica su tiempo libre en éste tipo de cosas.-Pausa.- Y sin más dilación, te doy la bienvenida. Espero que disfrutes de tu estancia.-

Murmullos del viento

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