No salí a la calle, pero permanecí toda la tarde con las botas puestas, la pantalla apagada y la música intentando sosegar mis oídos como si esperara que ocurriera algo parecido a un milagro, pero no pasó nada. Busqué en cada silencio y en cada compás un deje de esperanza, una mano, un ápice de mi felicidad perdida... un atisbo de mi propio ser. Pero fue en vano.

Entonces quise ir a por mi última cerveza y mis últimas patatas fritas.

Pero, como siempre, tuve miedo.


Así es como el ciclo se repite, repite y repite hasta el fin siguiendo con ansia una ruta de senderos mal pavimentados, escuchando las voces de quienes arrancan adoquines del suelo y abrazando con frenesí un hermoso cortinaje de agujas ensangrentadas que invitaban a derramar nuevos  y sollozantes desasosiegos distintos al resto, pero similares en esencia. La agonía se vistió de pesar y extendió largas alfombras de cristal dignas de acoger al mismísimo dios del universo y del más allá entre sus inconstantes oleajes impregnados de rubíes,  pero nadie cruzó el umbral. ¿Quién querría caminar descalzo entre cristales escarchados? Ni siquiera yo podía moverme.


No salí a la calle, pero permanecí toda la noche intentando ahogar la pérdida entre palabras y espejismos que reconfortaban viejas poesías. 

Entonces quise encontrar mi último escrito y beberme el último trago de zumo de naranja.


Pero, como siempre, tuve miedo. 

Como siempre, esa estúpida enfermedad llamada Esperanza seguía arropándome con su cortina de púas.

Como siempre, era incapaz de expresar nada. 
Como siempre, el camino más corto hacia la libertad se me antojaba demasiado eterno como para poder encajarlo. 


Que alguien me devuelva mi armadura porque sin ella, tengo miedo. 


El sauce lloraba.

Lloraba.

Lloraba mientras moría su viejo corazón. 

Sus hojas, ahora desgajadas por el fuego estival, se lanzaron desde lo alto de un enorme acantilado siguiendo el consejo de unas voces sibilantes provenientes del viento. Viento. ¿Quién era el viento? Poseía una voz tan dulce, tan tentadora... evocaba sueños, cosas hermosas. Hablaba a menudo del mar, del cielo, de la ciudad y de las maravillas que se hallaban en el mundo exterior. 

- Dejaos llevar, pequeñas criaturas, dejaos guiar por la caricia de Manwë... no forma parte de vuestro destino vivir arraigadas. ¿Por qué encarnar el papel de una lágrima? -

- Es nuestro destino, ente de caricias melodiosas. Cada uno de nuestros nervios forman en conjunto el significado de una lágrima distinta. Somos la rabia, la tristeza, la felicidad, el miedo, el odio... -


El sauce lloraba. 

Lloraba.

Lloraba mientras rememoraba buenos y malos tiempos. 


- ¿Por qué, decidme? -
- Te lo acabamos de decir... formamos parte de él, pues nosotros damos sentido a su existencia. -



El sauce lloraba.

Lloraba.

Lloraba mientras se le partían los ramajes que sostentaban los últimos ápices de cordura que pendían de sus raíces. 


- Ahora entiendo por qué eres un árbol tan solitario. No puedes hablar. Das amparo a quienes buscan afanosamente la comodidad de tu cuerpo, la paz que tu suave aroma inspira. Das cobijo al viajero que se oculta tras tu majestuosidad intentando huir de algún que otro bandido que desgarraría su cuerpo esgrimiendo el arma de la maldad, de la codicia y del odio que en el mundo exterior se respira. 

El sauce lloraba.

Lloraba.

Lloraba mientras intentaba decir algo. 

- Proteges a aquellos juglares que susurran melodías que te proporcionan un estado anímico falso, una quimera que toma los hilos que marcan el danzar de tus emociones desgajadas. Toma el pincel del artista y, cubriendo su verdor con unos colores nunca vistos en esta parte del mundo, maquilló tus pensamientos y, en alguna ocasión no fue de tristeza tu llanto, sino de una felicidad indómita. ¡Creías que podías sentir la alegría perpetua acariciando tus cicatrices de guerra! Sí, ahora recuerdo aquella batalla...

El sauce lloraba.

Lloraba.

Lloraba mient... 

- ¡¡¡¡¡Por qué nadie me escucha cuando grito???? Lloro con desolación. Manwë, ¿es que no ves que están intentando cortar mi tronco esos humanos que guadañas ensangrentadas de resina y musgo portan? ¡¡Es que no ves que eres la primera hoja que decidió abandonarme? ¡¡No te das cuenta de que tú sembraste la semilla del anhelo? ¡¡¡ TÚ ERES MI LIBERTAD, mi libertad perdida. Vuelas, sientes, sueñas y vives a tu antojo. Yo estoy aquí, anclado, perdido. Desprotegido. ¿Qué será de mí? ¿Qué será de mí ahora que me encerrarán y no podré volver a verte nunca más?
- Sa-sauce... yo... -

- ¡NO! Nadie me escucha, ellos no pueden oírme. Soy una herramienta, soy el mal encarnado por no poder repeler el frío que a tantos corazones ha consumido. Por eso me están destruyendo, creen que sus ánimas infectadas por la picadura del escorpión que tanto ha azotado sus mentes,  encontrarán el camino de vuelta al caos que consideran orden. A la quimera que les proporciona la misma felicidad ilusoria que a mí me proporciona esos acordes que a veces traes de tan lejos.

Yo... sólo quiero ser libre.

Llorar en libertad siguiendo el mandato de mis lágrimas, siguiendo sus hermosas tonadas. Tú fuiste aquella que abandonó el ritmo que el tintinear de las estrellas del cielo compuso para nosotros, pero, sin duda. también fuiste la más hermosa.

- Porque fui quien te enseñó el mar, Sauce.- 

- Y quien me condenó, pues encarnas aquello que me ha sido arrebatado. Un anhelo perenne que... - El árbol empezó a caer - ... quizá alguna dríada plante justo aquí, en tu honor. Ya han oído el mensaje, pero no sé si lograrán salvarme...- 

- Eso es algo que deberás hacer tu mismo, Sauce, ahora tus amigas son libres de experimentar rabia enfermiza. Tristeza absoluta, amor verdadero, amistad incondicional y alegría desatada... Ahora son las emociones quienes gobiernan al cien por cien y, por ello, tu perecimiento es inevitable. Porque ellas esgrimen tus emociones. Sólo yo, la Libertad, el Viento, soy capaz de detener su flujo caótico, pues me encargaba de provocar que las exteriorizaras para evitar tu condena. La represión es el primer paso que nos guía hacia el automutilamiento del espíritu, hacia el engaño de la razón que vivía arraigada a la tierra que poseías bajo tus pies. Te enseñé a convivir con ellas, pero, en ocasiones, el veneno del escorpión hacia demasiado daño a tu corteza.

Ahora entiendo por qué en vez de correr, caminabas a paso vivo. Tenías miedo de tropezar.
Sí, el miedo es la única emoción capaz de alejarte de mi cometido.

Libertad.
Yo seré tu libertad.

El Viento.
Es por ello que, esos humanos, como puedes ver, no te han arrancado del todo, aun deseas ser libre, pero quieres tener los ojos abiertos para contemplar nuestra obra. 

- ¡Eh! Me habían matad...-
- Sí, de hecho estás muerto, pero ya te he dicho que no son ellos quienes gobiernan. -



Bosques de Cristal

Paz y Belleza. Ellas son sin duda alguna, las protagonistas del paisaje nocturno que se halla ante ti. Los cielos poseen un fulgor violáceo y azul marino; un brillo perpetuo, una danza lumínica perpetua.
El aire que se respira es fresco y natural, muchos aseguran que semejante brisa milagrosa tan solo puede ser obra de una caricia celestial.
Y las aguas danzan tranquilamente al ritmo que marcan los vaivenes del viento.

A medida que vas avanzando, te percatas de algo extraño; A pocos metros de ti, puedes apreciar un pequeño grupo de árboles cristalizados. En sus troncos vidriosos se hallan unos penetrantes ojos záfiro que se clavan en los tuyos con una intensidad insólita. Te observan, te siguen de cerca...

-Saludos, viajero...- Susurra una voz en tu mente. -En éste lugar a través nuestros rostros cristal, encontrarás textos, algún que otro dibujo y quizá audiorelatos. Se trata de la pequeña creación de una muchacha que a veces dedica su tiempo libre en éste tipo de cosas.-Pausa.- Y sin más dilación, te doy la bienvenida. Espero que disfrutes de tu estancia.-

Murmullos del viento

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