Antes de continuar se recomienda leer Anhelos Ocultos, pues así el relato cobra más magnetismo...
...Ven, es hora de volar.
---
La calma me besaba mientras mi espalda se apoyaba contra el tronco de un árbol de cristal. Mecía y mecía cariñosamente el cuerpo de una gacela dormida hasta que de pronto un terrible alarido impactó contra la rama más alta de mi adorado árbol; la gacela desapareció y algo en mis adentros tuvose que enfrentar contra el inminente homicidio al que había sido expuesto... aquel impacto arrancó de mi voz un geminido casi inauidible.
La gravedad, ávida de llevarse consigo a toda materia por miedo a quedar en total y cruenta soledad, arrancó de mi alma la rama quebrada.
-Oh cielos, ¿otra vez he perdido el raciocinio?- Pensé.
Sin que yo pudiera percatarme de ello todo el árbol hubo desaparecido permitiendo así que mis ojos escudriñaran el horizonte en su busca, pero no fueron bosques lo que éstos hallaron, fue un ángel, un ángel caido.
Tuve un impulso irrefrenable.
Corrí hacia él como si no hubiera mañana, como si la vida dependiera de ello. Mis pies descalzos chapotearon al surcar con osadía los charcos de sangre que el ángel había derramado involuntariamente y mi voz se quebró en un silencioso lamento. Vi cómo las gotas de mi desahuciado raciocinio se unían a los charcos carmesíes... pero ya era tarde, me daba igual.
El ángel levantó poco a poco la cabeza, avergonzado, dolorido, marchitado... buscó mis ojos con los suyos, buscó mis manos con las suyas...
Este me miró con una dulce, tierna e irresistible sonrisa conciliadora, como si los mismísimos Dioses que habían arremetido contra su pureza angelical volvieran a iluminar al proscrito con fulgor reparador destinado a sanar sus grotescas heridas. Pero no fue así... al menos no literalmente.
Continuará.
Eru



