Un ladrillo acaba de caer, el otro cede, el próximo se detiene cuando por fin había alcanzado la cumbre de los cielos. Sus lacayos contemplan atónitos el cambio de rumbo que el tintineo del futuro incierto sugiere no con desdén, sino con hastíos indómitos. El virar del viento deja escapar un alarido a merced del imponente destino, el cual se encarga de sesgar con rabia las pieles de aquellos idealistas que lejos de estar cerca de la verdad, por un solo instante se creyeron los reyes del universo.
El castillo se desmorona.
Cae un ladrillo, el otro cede, el próximo se detiene...
Su alma se carcome, cree encontrar la clave, pero ésta alza el vuelo y surca los cielos que el castillo desahuciado no fue capaz de alcanzar. Los idealistas contemplan de lejos su obra aparentemente derrotada, una lágrima sufriente se derrama, un abrazo sincero rodea el cuerpo del caído en batalla, y un beso se pierde en pos de las estrellas que caen del firmamento con el único fin de bañar los cuerpos de los artistas creadores de mundos y tejedores de sueños, para que no necesiten de otro fulgor que el de ellos mismos para iluminar el sendero reclamado por sus corazones desgajados.
La sonrisa de la vencida aflora en sus labios cansados de tanto esperar, la esperanza vuelve a hacer acto de presencia y los ladrillos recuperan el ritmo perdido. Ahora sus cuerpos brillan con los destellos otorgados, acarician con yemas de seda sus almas de parte a parte alejando toda duda que éstas pudieran albergar hacia la belleza que les rodea. Hacia la realidad deseada y pertenecida. El amor les envuelve, les mima y acuna. El amor protege y ampara a aquellos que son capaces de aceptarlo de buena gana.
Se atisba de lejos un imponente castillo cuyo idealismo arquitectónico, no es más que un reflejo de los sueños que pronto materializarán en un beso el día en el que finalmente hagan el amor y no la pena.
Tye malane.
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Eruriel Minai
Tye malane.
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Eruriel Minai



