El cielo pintaba sobre sus lienzos lamentos y ensoñaciones a los que denominó Nubes. Cuenta la leyenda que se trataba de la galería más grande de todos los tiempos, la más radiante y la más incomprendida.

Aquellos que debían frecuentar sus largos salones con el fin de deleitar su espíritu con cada composición pictórica, eran denominados "seres racionales". Los animales restantes quedaban a parte porque ellos no buscan el deleite, simplemente, forman parte de tan inconmensurable belleza. Un rugido, un ronroneo, un piar, una caricia. Un beso.

Cielo, ese gran artista, esperaba con ansia ver las reacciones de aquellos que pronto admirarían su esfuerzo, pero algo ocurrió: nadie alzó la mirada. Nadie jugó a descubrir qué forma tenía la nube de allí.
Nadie quiso bailar bajo la lluvia. 

¿Qué había ocurrido? Era todo tan perfecto que hasta el más crudo de los lamentos parecía formar parte de su música. ¡Era tal la perfección que susurraban los vientos que hasta los lienzos parecían cobrar vida! Bailaban, cantaban, soñaban. ¿Es que nadie había visto su obra maestra?

Allá en la tierra había cuadros más interesantes. Parpadeaban, hacían ruiditos y escribían cosas ininteligibles.
Allá en la tierra había mentiras, crueldad, despedidas, injusticia, hambre, miseria. Todo, nada.

Allá en la tierra había alguien que había posado casi por casualidad la mirada sobre esa galería. Su imaginación inquieta recorrió todos y cada uno de los pasillos que se dibujaban entre nube y nube, entre estrella y estrella. Quiso perderse para siempre en esa inmensidad celestial para no volver nunca jamás, deseó con fervor que el creador de tamaña obra maestra tomara en brazos su cuerpo y se lo llevara lejos, pero aquello nunca ocurrió.

Cielo ya había marchado. Y aquel puente también.
Sólo había dejado una canción y un pensamiento, un idilio que tomaba forma de evasión. Un motivo más para colmar de sufrimiento a aquellos que habían descubierto su galería.

Pero también un motivo más para creer en un más allá. Para crear.
Para amar.



Aquella fue, sin duda, una gran obra maestra. 

Bosques de Cristal

Paz y Belleza. Ellas son sin duda alguna, las protagonistas del paisaje nocturno que se halla ante ti. Los cielos poseen un fulgor violáceo y azul marino; un brillo perpetuo, una danza lumínica perpetua.
El aire que se respira es fresco y natural, muchos aseguran que semejante brisa milagrosa tan solo puede ser obra de una caricia celestial.
Y las aguas danzan tranquilamente al ritmo que marcan los vaivenes del viento.

A medida que vas avanzando, te percatas de algo extraño; A pocos metros de ti, puedes apreciar un pequeño grupo de árboles cristalizados. En sus troncos vidriosos se hallan unos penetrantes ojos záfiro que se clavan en los tuyos con una intensidad insólita. Te observan, te siguen de cerca...

-Saludos, viajero...- Susurra una voz en tu mente. -En éste lugar a través nuestros rostros cristal, encontrarás textos, algún que otro dibujo y quizá audiorelatos. Se trata de la pequeña creación de una muchacha que a veces dedica su tiempo libre en éste tipo de cosas.-Pausa.- Y sin más dilación, te doy la bienvenida. Espero que disfrutes de tu estancia.-

Murmullos del viento

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