No salí a la calle, pero permanecí toda la tarde con las botas puestas, la pantalla apagada y la música intentando sosegar mis oídos como si esperara que ocurriera algo parecido a un milagro, pero no pasó nada. Busqué en cada silencio y en cada compás un deje de esperanza, una mano, un ápice de mi felicidad perdida... un atisbo de mi propio ser. Pero fue en vano.

Entonces quise ir a por mi última cerveza y mis últimas patatas fritas.

Pero, como siempre, tuve miedo.


Así es como el ciclo se repite, repite y repite hasta el fin siguiendo con ansia una ruta de senderos mal pavimentados, escuchando las voces de quienes arrancan adoquines del suelo y abrazando con frenesí un hermoso cortinaje de agujas ensangrentadas que invitaban a derramar nuevos  y sollozantes desasosiegos distintos al resto, pero similares en esencia. La agonía se vistió de pesar y extendió largas alfombras de cristal dignas de acoger al mismísimo dios del universo y del más allá entre sus inconstantes oleajes impregnados de rubíes,  pero nadie cruzó el umbral. ¿Quién querría caminar descalzo entre cristales escarchados? Ni siquiera yo podía moverme.


No salí a la calle, pero permanecí toda la noche intentando ahogar la pérdida entre palabras y espejismos que reconfortaban viejas poesías. 

Entonces quise encontrar mi último escrito y beberme el último trago de zumo de naranja.


Pero, como siempre, tuve miedo. 

Como siempre, esa estúpida enfermedad llamada Esperanza seguía arropándome con su cortina de púas.

Como siempre, era incapaz de expresar nada. 
Como siempre, el camino más corto hacia la libertad se me antojaba demasiado eterno como para poder encajarlo. 


Que alguien me devuelva mi armadura porque sin ella, tengo miedo. 

2 comentarios:

Pues aprovechando esta vena creativa deberías escribir la historia de la familia de Lyriel y la de ciertos hibbits, eso sin olvidar cierto relato que dijiste que merecía cierta escena. :p

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Bosques de Cristal

Paz y Belleza. Ellas son sin duda alguna, las protagonistas del paisaje nocturno que se halla ante ti. Los cielos poseen un fulgor violáceo y azul marino; un brillo perpetuo, una danza lumínica perpetua.
El aire que se respira es fresco y natural, muchos aseguran que semejante brisa milagrosa tan solo puede ser obra de una caricia celestial.
Y las aguas danzan tranquilamente al ritmo que marcan los vaivenes del viento.

A medida que vas avanzando, te percatas de algo extraño; A pocos metros de ti, puedes apreciar un pequeño grupo de árboles cristalizados. En sus troncos vidriosos se hallan unos penetrantes ojos záfiro que se clavan en los tuyos con una intensidad insólita. Te observan, te siguen de cerca...

-Saludos, viajero...- Susurra una voz en tu mente. -En éste lugar a través nuestros rostros cristal, encontrarás textos, algún que otro dibujo y quizá audiorelatos. Se trata de la pequeña creación de una muchacha que a veces dedica su tiempo libre en éste tipo de cosas.-Pausa.- Y sin más dilación, te doy la bienvenida. Espero que disfrutes de tu estancia.-

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