-¡Piedad!- Exclamas.
-¡Piedad!- Exclamas.
-Piedad!- Exclamas.
Tu grito agónico, anhelante y sincero arremete contra el desahuciado mundo que te mantiene atrapado, anclado y desprotegido. Clemencia exiges, clemencia necesitas tú, aquel que tanto ha destrozado con un simple roce, aquel que coronándose de buenas intenciones acabó sucumbiendo ante la sonrisa perversa de Satanás, sí, ese que en este mismo instante se halla abrazándonos y consolándonos no con mentiras, sino con verdades relatadas desde otro punto de vista. Quizá falacias, quizá salvaciones... quizá la muerte.
Lo oyes, oh, sí... ese diablo vuelve a martillear tu cabeza, vuelve a martillear tu consciencia exigiendo y reclamando una actitud nueva, caduca, pútrida y degradante. Una actitud que bien aparenta ser la clave para hallar la fuerza, pero realmente es el atajo que sin dudarlo nos conduce hacia la perdición, el primer estamento de la misma. El hastío. ¡Poderoso hastío!
Mírate: ya has sido "liberado" de tu prisión. Ya CREES que has sido liberado de esa condenada prisión; de tus penas, tu dolor, tu vacío, tu decadencia... tu miedo. Sí, realmente me sorprende el magnífico trabajo que ha hecho Satanás contigo, pobre desgraciado, te ha liberado de un sentimiento efímero jurando y perjurando que ese sentimiento te conduciría hacia la miseria. ¡Cuán retorcido puede llegar a ser nuestro amigo Satanás!
Esa era, es y siempre será la forma más sencilla de robar un alma, o mejor dicho, para hacer que te entreguen un alma. En ello consiste la pérdida de uno mismo: alejar la pureza del sentimiento propio, construirse de forma inconsciente una nueva y pútrida prisión y en ella consumirse poco a poco... poco a poco sumirse lentamente en una arrogancia estúpida, en una superioridad ficticia... en la peor cara de la Debilidad. En un suicidio.
Escudarse detrás de una prisión a la cual consideras barrera no es ser fuerte, buen desconocido, es caer entre las garras del averno. Es morir a merced de uno mismo.
Vaya, ¿por qué me miras así? ¿Te sorprende?
¿Dónde está la verdadera fuerza?
La verdadera fuerza se halla en la misma debilidad que tanto rechazas, pues aquel que logra no aniquilarla, sino transformarla sin recurrir al método de negarse a uno mismo, automáticamente comienza a sentirse fuerte. Y cuando alguien, a sabiendas de que existe en el fondo de su alma un rincón de debilidad, logra alcanzar ese sentimiento de fortaleza, gana la partida contra el diablo.
Y así dije sonriente...
-Jaque mate, Auto Engaño.
-------
Eru
-¡Piedad!- Exclamas.
-Piedad!- Exclamas.
Tu grito agónico, anhelante y sincero arremete contra el desahuciado mundo que te mantiene atrapado, anclado y desprotegido. Clemencia exiges, clemencia necesitas tú, aquel que tanto ha destrozado con un simple roce, aquel que coronándose de buenas intenciones acabó sucumbiendo ante la sonrisa perversa de Satanás, sí, ese que en este mismo instante se halla abrazándonos y consolándonos no con mentiras, sino con verdades relatadas desde otro punto de vista. Quizá falacias, quizá salvaciones... quizá la muerte.
Lo oyes, oh, sí... ese diablo vuelve a martillear tu cabeza, vuelve a martillear tu consciencia exigiendo y reclamando una actitud nueva, caduca, pútrida y degradante. Una actitud que bien aparenta ser la clave para hallar la fuerza, pero realmente es el atajo que sin dudarlo nos conduce hacia la perdición, el primer estamento de la misma. El hastío. ¡Poderoso hastío!
Mírate: ya has sido "liberado" de tu prisión. Ya CREES que has sido liberado de esa condenada prisión; de tus penas, tu dolor, tu vacío, tu decadencia... tu miedo. Sí, realmente me sorprende el magnífico trabajo que ha hecho Satanás contigo, pobre desgraciado, te ha liberado de un sentimiento efímero jurando y perjurando que ese sentimiento te conduciría hacia la miseria. ¡Cuán retorcido puede llegar a ser nuestro amigo Satanás!
Esa era, es y siempre será la forma más sencilla de robar un alma, o mejor dicho, para hacer que te entreguen un alma. En ello consiste la pérdida de uno mismo: alejar la pureza del sentimiento propio, construirse de forma inconsciente una nueva y pútrida prisión y en ella consumirse poco a poco... poco a poco sumirse lentamente en una arrogancia estúpida, en una superioridad ficticia... en la peor cara de la Debilidad. En un suicidio.
Escudarse detrás de una prisión a la cual consideras barrera no es ser fuerte, buen desconocido, es caer entre las garras del averno. Es morir a merced de uno mismo.
Vaya, ¿por qué me miras así? ¿Te sorprende?
¿Dónde está la verdadera fuerza?
La verdadera fuerza se halla en la misma debilidad que tanto rechazas, pues aquel que logra no aniquilarla, sino transformarla sin recurrir al método de negarse a uno mismo, automáticamente comienza a sentirse fuerte. Y cuando alguien, a sabiendas de que existe en el fondo de su alma un rincón de debilidad, logra alcanzar ese sentimiento de fortaleza, gana la partida contra el diablo.
Y así dije sonriente...
-Jaque mate, Auto Engaño.
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Eru




3 comentarios:
Aceptarse a uno mismo es el requisito más importante para ser feliz.
Doloroso suele ser el juego, se requiere paciencia y mucha resistencia! Feliz jaque mate! Me gustó la reflexión!
Ajedrezantes saludos!
Vaya, un discurso digno de V (V de Vendetta). Grandioso, me sirve para ciertos asuntos personales... como les sirve a todos en esta vida.
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