Conozco bien esa dieta, esa forma de vida.
Aquello de lo que te alimentas día tras día.
O de lo que pretendes alimentarte.
No te preocupes por mí, criatura maldita.
Sé también cómo te bebes las cervezas,
como sonríes de medio lado imaginando
que es el silencio quien acaricia tus labios
y no las cicatrices que te provocaron unos versos
que alguien arrojó donde habita el olvido.
Aún están ahí, ¿verdad?
En el umbral que separa tu lecho del resto del mundo.
En el puente donde muere lo imperecedero
y los poemas que jamás fueron escritos.
No me hables de cómo quedaré atrapada entre tus fauces,
de cómo mi corazón llenará tu paladar de aquello que tanto ansías.
Sé bien lo que demanda esa mirada viperina.
Puedo leer los acertijos que compones entre palabra y palabra,
puedo sentir esa muerte que afanas darme. Fría, liberadora.
Tan cálida como un rayo de sol.
No necesitas retenerme, ni siquiera advertirme.
Pues tú también corres peligro, maldita criatura.
Es por ello por lo que, precisamente, estamos a salvo.
Y no al mismo tiempo.
Pues sé que nada te atraería más que una causa perdida.
No me equivoco, ¿verdad? Oh, claro que no.
¿Qué no embaucaría más que la peligrosidad
de escapar de la banalidad del mundo real?
¿Qué nos seduciría más que el misterio
que encierra una sonrisa enigmática
y una cerveza que sabe a tequila?
Yo también me he bebido muchos corazones
a costa de saciar la sed que lacraba mi espíritu.
Yo también sé que no todos los besos se dan con los labios,
que no todas las batallas se libran con espadas
y que algunos orgasmos, los escupe la mente.
-------
Eru




2 comentarios:
Una.mezcla efectiva tu texto. Muy bueno y original.
Te recomiendo que leas algún cómic de Alan Moore, quizás promethea.
Un abrazo
Muy hermoso y cautivador, saludos
Publicar un comentario
Deposita tu pequeño cántico etéreo sobre la memoria de Los Bosques de Cristal, pues ellos se nutrirán con todas y cada una de tus valiosísimas palabras...