Mi alter ego élfico. Espero que os guste, lo he hecho con mucho amor.
Hace tanto, tantísimo que no escribo...
Quizá sea porque mi vida está tan equilibrada que la musa ha decidido ofrecer consuelo a otro poeta maldito, o que no encuentro el modo de explicar lo mucho que me llenan los despertares cada haz de luz que se filtra por los ventanales de mi sol naciente. Es esa sensación de plenitud la que me deja sin palabras la que me recuerda que estoy muy lejos de esos bosques nocturnos con olor a sal marina, de esas auroras pasajeras. De ese universo lleno de fulgor y de esa grandeza que sólo evoca eternidad.
Aun así estoy justo donde quiero estar, y eso es lo que verdaderamente importa. Estoy en otra clase de bosques nocturnos, con otra clase de aromas y auroras aun más imperecederas. Aun es un lugar extraño, virgen y tan puro como la sonrisa de un niño. Llegarán batallas, nuevas cicatrices mancharán mi alma de cruentas lágrimas y viejas sonrisas en odio se convertirán. Pero eso da igual, es ley de vida, ¿no?
Entonces, aquello que estaba detrás de quien estaba escribiendo, interrumpió su redacción.
- En realidad es ley de muerte.
- ¿Y por qué de muerte y no de vida?
- Porque la vida no existe, lo único verdaderamente auténtico, es lo que llevas dentro y eso que llevas dentro, empezó a morir desde el mismo día en el que te dejaste caer en este mundo de locos.
- ¿Entonces qué es lo que lo mantiene en movimiento? La muerte no puede hacer esa clase de cosas.
- No lo sé.
- Hm. ¿El deseo de seguir adelante?
- ¿Las ganas de volar quizá?
- ¿O el hecho de haber aprendido a volar?
- ¿Aprendido a volar, dónde?
- En algún lugar.
- ¿Cuándo?
- Desde siempre.
- ¿Desde cuándo esa palabra empezó a cobrar sentido?
- Desde que tengo intención de vivir ese ideal paralelo a la vida.
- Estás muerta.
-Sí, querido, absolutamente muerta de amor.
...
Eruriel.