
El espíritu de la luna creciente se mece entre conjeturas de futuros inciertos y vacuas esperanzas de que el impío maleficio culmine con un final feliz digno de novela.
-Déjame, déjame, déjame!- Masculló antes de ser alcanzada por el maleficio de la Bruja de la Gula. Aquella pobre criatura en ogro se convirtió y su hermosura en pútrido moho se tornó. Su rostro, antaño bello y ceniciento se quebró con la tempestuosidad de su peor enemiga; ella misma.
Miles de asquerosos aldeanos la buscaron sin descanso, deseaban contemplar su rareza digna de todo poeta, pero no encontraron lo que deseaban. El ogro saludaba anhelante a la Muerte, una que sonriente daba las buenas noches mientras se nutría de insultos y pedradas que arremetían contra la inocencia de la dama maldita. Y pensar que sería tan fácil como darle una patada en el estómago para hacer que vomite vísceras y todo lo que sobre...
Sola, sola se había quedado a merced de sus lágrimas y su cuerpo ensangrentado. No podía sonreir, no con aquellos dientes ahora amarillentos. Abrió los ojos y contempló su reflejo posado sobre las aguas del lago, uno distorsionado y aparentemente más horripilante. No se atrevía a rozarse a si misma, no cuando se creía gruesa y llena de bultos amarronados y escamas verdosas incrustadas de roña. ¿Y su voz? Oh... su voz de sirena seguía intacta. Un ogro con voz de sirena.
Pero...
La guerra de los mil huracanes había comenzado y la luna llena asomó en el firmamento. Entonces, un rostro familiar en su semblante se posó dando lugar a la inminente metamorfosis que ella protagonizaría para volver al pasado.
-Ah, los cuernos de guerra masacran mis oidos y mi corazón palpita sin freno ¿Es por la ausencia de paz? ¿Es porque he vuelto a encontrarme o porque me estoy perdiendo aun más?-
Y mientras tanto, el sonido metálico de las espadas y las armaduras de plata perforaron la calma del bosque y de carmesí tiñieron las hojas de otoño. Dos países en guerra, dos mundos y mil maremototos de pasiones indómitas que culminan en muerte y sufrimiento quebraron el equilibrio del mundo. ¿Por qué luchaban?
Porque la princesa había huido, o mejor dicho, había sido expulsada. Había crecido. ¿O quizá fue a causa del adulterio? ¿Es que nadie comprendía que casarse forzosamente era insoportable?
-Esas noches de luna llena bajo la copa del sauce maldito y unos labios ajenos a la fidelidad...-
Lástima que el sueño llegara a su fin cuando la luna comenzó a menguar. Su rostro volvió a mutar y su cuerpo también, sin embargo, aun conservaba algo de humanidad.
Cuando llegó la luna nueva volvió a ser aquel ogro del que todos se mofaban y huían al mismo tiempo. Él incluido.
-¡Soy yo!-
-Calla, engendro.-
Se sumó a las pedradas de la muchedumbre, a los insultos del gentío y a las carcajadas llenas de crueldad. No, aquel no era el Vann que había conocido. No era aquel el cuerpo que ella deseaba, no era lo que había planeado.
Y al llegar la luna llena volvió su belleza. Volvió a probar bocado, volvió a ser una mujer de cuento de hadas. Ya no le enolvía aquella hastiante rareza, por fín podría lanzarse a los brazos de su amado. Sólo por una noche.
-¡Soy yo!-
-Sí, mi dulce espíritu.-
Cayó otra vez el cuarto menguante, la fealdad nuevamente hizo acto de presencia. No se miró, tampoco se tocó. Simplemente se dirigió al lago de imágenes distorsionadas para mecerse entre ellas, al menos hasta que sus fuerzas se lo permitieran.
-¡Me corrroe, me corroe el temor, me mata la perfección, me aniquilan los nervios! Y me siento débil, me siento tan hermosa incluso ahora que la luna está menguante... vuelvo a ser una princesa. Por fín soy una princesa. Una débil y bella princesita.-
Nadie dijo que ser una princesa fuera tarea fácil. No, nadie fue capaz de advertírselo a tiempo. La muerte se había adelantado. Ahora el cuerpo de la joven, uno esquelético y lleno de cicatrices descansaba sobre un ataud de mármol. A la próxima luna llena sería enterrada con una corona de plata, un vestido de novia y un ramo de rosas blancas.
Nadie dijo que lidiar con la anorexia y la bulimia fuera tarea fácil y menos aún cuando el mundo está plagado de escoria superficial, desprovista de ánima y falta de empatía como muchos de vosotros. ¿Cuándo os daréis cuenta de que vuestra estupidez es incluso más criminal que aquellos a los que juzgáis? ¿Es que no veis que con esa actitud no hacéis más que matar gratuitamente a personas que se merecen más el aire que respiráis que vosotros? Oh, pútrida moral la que predicáis y pútrida hipocresía la que irradíais cuando os llenáis la boca de altruismos y banalidades que al final sucumben en lo mismo; egosimo barato y decadente.
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Fátima Ceballos Taidy
Publicado por
Lunnaris



6 comentarios:
Es... sublime.
De le mejor que he leído últimamente.
Te felicito ;)
Definitivamente una buena lectura, felicidades.
Comentar, a parte, que me encanta la música que suena por aquí. Excelente gusto.
Muy grave todo. Excelente reflexión, Fátima.
Que historias no como esta pero sí en su base el mundo está plagado. Suerte que las personas que realmente valen la pena destacan y se pueden reconocer de algún modo, cuando se es rechazado. Son las únicas que existen.
Encantador.
Vuestras bellas palabras han llegado a mis dominios, halagando mis oídos así como ensalzando mi ego. Me alegra sobremanera que gustéis de leerme tanto como gusto yo de leeros a vos. Vuestros textos siguen siendo tan sublimes como los recordaba...
Gracias por escribir así, y por tratar este tema con tal delicadeza y forma. Mil gracias.
Está bien en temporada de exámenes tener este onírico rincón donde alejarse un poco de tanta frivolidad. Sigue así.
¡Un abrazo!
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