Los recuerdos arremetieron contra mi cordura con una furia enfermiza, como si de una horda de orcos enfurecidos se tratara, como si desearan derrumbar la fortaleza ilusoria que con tanto ahínco había intentado perpetuar en el tiempo. Pero... ¿acaso las mentiras duran eternamente?

Cogí el diario, lo abrí por la primera página y simplemente escribí.


¿Cómo empezar? Quizá por el recuerdo más impactante, sí, aquel. Cuando las gentes del lugar corrían con desesperación para ponerse a salvo, cuando más de un iluso trató de llegar al barco que ya había zarpado. La tormenta carmesí inundaba la aldea junto con el llanto salpicado de rubíes pertenecientes a dioses que habían sido asesinados por obra de un traidor.

Otros bailaban alrededor de una pira, los restantes trataban de arrastrarme mientras los edificios caían. Me obligué a pensar que en el barco estarías mejor, lo cual me hizo sonreír con tanta amargura como la virgen María tras haber perdido a su niño 

Súbitamente un tacto familiar me rodeó por la cintura y me atrapó. Sí, lo recuerdo, eras tú. Abrí los ojos de par en par y retrocedí un paso mientras ladeaba la cabeza sin dar crédito a lo que estaba ocurriendo. Tus manos estaban salpicadas de sangre. Olían como la lluvia que empañaba nuestra amargura.

Entonces te acercaste tomándome por los hombros con un nerviosismo apremiante y afanoso. Me aprisionaste, traté de escapar pero los grilletes se retorcieron con dulzura alrededor de mi alma y me esclavizaron al amor del ente que ahora acercaba tu boca a la mía. Traté de gritar pero no pude, ya estaban posados, me besaste apasionadamente, tus labios se entrelazaron con los míos y una fuente de delirios decidió surcar los lagos de pasión, que se derramaron sin freno sobre nuestro lecho de hojas carmesíes. No pude huir, estaba aprisionada. Mi gesto se suavizó, tus dedos ahora tan puros como la mirada de un ángel, se enredaron entre mis largos cabellos y tu boca jugó con la mía, subordinándonos a los designios del destino. Nos movimos a su son paso por paso. La pira se había extinguido, los aldeanos, presos del pánico, corrieron hacia nosotros enarbolando cacerolas, palos y más objetos contundentes. Sin embargo nuestro baile seguía, el beso no se detenía, la prisión nos invadió mientras la ruina acudía a nuestro encuentro. Quizá al fin de los días venideros.

Sabíamos que probablemente aquel iba a ser nuestro último momento de placer en vida, que podíamos escapar, unirnos al caos o sencillamente escondernos entre los árboles, de lo poco que quedaba de nuestros respectivos mundos. Los dioses sollozaban truenos de amargura, el carmín se derramaba desde los ojos de una luna de igual color, las coléricas gentes del lugar pendían de unos finos hilos que guiaban sus mortíferos pasos de baile, los bebés lloraban, los gatos morían de hambre y nosotros, temerosos y deseosos, seguíamos escondidos en lo más profundo de nuestras aguas del delirio.

Mientras mis dedos dibujaban el contorno de tu perfecta figura, ellos aporreaban los muros de nuestra fragua imaginaria. No oíamos nada, sus ecos se extinguían junto con el palpitar del Dios caído. El mundo empezaba a temblar, las aves detenían sus vuelos y la cruenta batalla besó sin freno nuestro santo sanctorum. Teníamos miedo. Mucho miedo.Los mares ardieron, los cielos cayeron y por mí luchaste. Por mi, asesina de Dioses.

          - Pero las armas aun no han regado con perlas de amor nuestros corazones desahuciados.
  • - Lo han hecho. ¿Sino por qué crees que caen gotas rojas del cielo?
    - Porque arde mudos cantares entre sus gélidas aguas del edén. Son cenizas, cenizas del ánima. Arde de dolor, he matado a su protector. Pero debía hacerlo, ¡lo juro! - 
    - Y yo maté a su protectora. Pero no, no debíamos. Lo sabes. Por eso huías, ¿verdad, vida mía?
    - No quería otro encuentro furtivo. Sólo deseaba estar contigo. No con una falsa justicia de corazón tullido.
    - ¿En su lugar elegiste a un mendigo de versos albinos? Es indigno para la mirada del sufriente moribundo que realicemos su temor a los pies de su mundo caído. Pero me da igual, no huyas más, Ven, toma mi mano y te daré aquello que nadie pueda alcanzar.
    -No deseo una atadura inquebrantable. Anhelo tu amor, lo único que nadie alcanzó, aquello que derritió el invierno en primavera, brindando protección a sus flores desamparadas de la ira de los Dioses caídos. No necesito nada más. Sólo una caricia perenne y la promesa de que juntos pondremos rumbo hacia un mundo mejor. ¡Están rompiendo la barrera!

    Los fanáticos enfurecidos enseñaban sus colmillos de hiel. Una garra comenzaba a asomar por la fortaleza a punto de quebrar, el aroma de pasión le carcomía, pero su ira le mantenía tan vivo como muerto.
    - Ven, ven conmigo. Te alejaré de este infierno sin luz. Toma mi mano, confía en mí. Ya vienen. ¡Están aquí!
    - Ykhranym me odia. Desde el momento en el que le hice llorar sangre, condenó mi vida a la ruina. Esto que llevo dentro me estrangula sin piedad. Las rocas vuelan y golpean mi memoria con el arma del martirio. ¡Estoy desesperada, me siento tan perdida como un huérfano en una cena familiar! ¡Tan dolida como la mismísima traición!. No sé qué es confiar. 
    Y de pronto... 
Infinita caída. Placer homicida. 


...
   La música masacró sus raíces sepulcrales con el fin de arrancar los últimos brotes de melancolía que se arraigaban hasta lo más recóndito de mi conciencia. Allí había comenzado mi vida. Sonreíamos.  

La fortaleza se quebró.

Nos atacaron.

No desaparecimos milagrosamente como cabría esperar, pero fuimos más felices que nunca. 

¿Por qué?


Habíamos aprendido a vivir. Ellos no supieron morir. 

2 comentarios:

Se echaba de menos :)

Siempre ahí. Te aprecio mucho, de veras... :)

Publicar un comentario

Deposita tu pequeño cántico etéreo sobre la memoria de Los Bosques de Cristal, pues ellos se nutrirán con todas y cada una de tus valiosísimas palabras...

Bosques de Cristal

Paz y Belleza. Ellas son sin duda alguna, las protagonistas del paisaje nocturno que se halla ante ti. Los cielos poseen un fulgor violáceo y azul marino; un brillo perpetuo, una danza lumínica perpetua.
El aire que se respira es fresco y natural, muchos aseguran que semejante brisa milagrosa tan solo puede ser obra de una caricia celestial.
Y las aguas danzan tranquilamente al ritmo que marcan los vaivenes del viento.

A medida que vas avanzando, te percatas de algo extraño; A pocos metros de ti, puedes apreciar un pequeño grupo de árboles cristalizados. En sus troncos vidriosos se hallan unos penetrantes ojos záfiro que se clavan en los tuyos con una intensidad insólita. Te observan, te siguen de cerca...

-Saludos, viajero...- Susurra una voz en tu mente. -En éste lugar a través nuestros rostros cristal, encontrarás textos, algún que otro dibujo y quizá audiorelatos. Se trata de la pequeña creación de una muchacha que a veces dedica su tiempo libre en éste tipo de cosas.-Pausa.- Y sin más dilación, te doy la bienvenida. Espero que disfrutes de tu estancia.-

Murmullos del viento

¿Me acompañas?

¿Tienes alguna pregunta?

Premio al blog amigo

Premio al blog amigo
¡Gracias, Javier Domingo!

Visitantes

Las Historias Mejor Contadas...

Viajeros...