Cuando ya me había tranquilizado, sentí una punzada extremadamente dolorosa en la ingle; me había clavado el mismo cuchillo que dejé caer a cambio de su supervivencia.
Junto con aquellos brotes carmesíes que teñían las arenas que pronto se convertirían en mi lecho de muerte, vi como se desvanecían mis sueños y esperanzas. Delirios y alegrías. Mentiras y verdades. La vida, mi vida, nuestra vida... todo, nada.
¿Cuál era la herida más dolorosa?
No sentía nada, ni siquiera la humedad que empañaba mis ropajes, ni siquiera la dura caída que me había provocado la súbita cojera.
Me llevé la mano sobre el corazón y me aferré con fuerza a la blusa como si tratara de detener una hemorragia de emociones que amenazaban con desembocar en un sollozo de desesperación. Aquella era la auténtica puñalada.
Entonces escuché una caricia perdida en el tiempo que intentaba endulzar un "hasta luego".
Entreabrí los ojos buscando los suyos con la esperanza de contemplar la belleza antes de abandonar aquel mundo. ¿Era eso una lágrima?
De pronto se hizo la oscuridad. Oí gritos y un pálpito. No pude ver nada.
-Duerme…- Dijo tras obligarme a respirar un paño húmedo que me hizo caer en un profundo sueño vespertino.
-No, no quiero dormir. No ahora que he despertado. Sólo quiero arrancar los cortinajes que vetan la entrada del fulgor de la noche. En mi memoria evoco tu recuerdo al ritmo de aquellos minutos que ahora, en forma de granizo, se van clavando sin piedad en mis espaldas aumentando así la violencia con la que se imprime esta creciente añoranza.
Busco tu mano con ansia y no la encuentro. Palpo el suelo desnudo con afanosa vehemencia, y sigo sin encontrar nada.
Los ríos de la vida ahora vuelven a despertar al abrir los ojos siguiendo la comanda de tu voz. Esta dibuja ondas que perfilan sus aguas con líneas sinuosas que se materializan en un beso, una carcajada y un deseo común. Cada lagrima derramada es la manifestación traicionera del anhelo que compartimos y mimamos como si de música se tratara. Éste sonríe, nos envuelve, nos embauca, nos obliga a desearnos más y más. Y cae la lluvia, y sueño con cubrir tu cuerpo desnudo. Ser el bálsamo que humedezca la lluvia de tus pensamientos, las manos que vistan lo recóndito de tu infinita pasión, los murmullos que eleven cada poro de tu piel. Ser la vida que el porvenir nos prometió aquella noche en la que el sueño me traicionó con el fin de otorgarme una recompensa mayor.
Ser el camino que juntos pavimentaremos para vencer a los reyes de la desazón, curar la herida de la puñalada maldita y sustituir una lágrima por una caricia. Una pasión desatada. Una vida.
Nuestra vida.




1 comentarios:
Trés jolie... :')
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