Jugaba, jugaba entusiasmado.
Entre sus manos portaba el dominio del mundo entero, o quizá el de su propio universo. Sonreía de oreja a oreja, sus ojos chispeaban de emoción, la ilusión aumentaba y un delirio fugaz cruzó sus más ocultos pensmaientos.
¿Y si se colaba en aquella dimensión?
Pum. Sonó de fondo.
¿Y si se dejaba llevar un poquito más? Se acercó al foco de sus deseos...
Pum. Sonó de fondo.
Ya quedaba menos, sólo tenía que extender la mano, cerrar los ojos y olvidarse de su existencia para lanzarse a una totalmente nueva.
Pum. Sonó de fondo. El ruido se aproximaba lenta y sinuosamente, amenazante y terrorífico.
-¡Ya estoy en casa!-
Demasiado tarde. No podía huir, estuvo a punto pero, como otras tantas veces, las ataduras le impidieron alzarse. Pobre muchacho inválido, solitario e infinitamente desgraciado. Tan sólo deseaba ser como aquellos héroes de película, como Squall o cualquier otro personaje de videojuego. Pero ellos tenían piernas y un mundo a su disposición, él, en cambio, estaba al servicio del mundo, o mejor dicho, de su captor.
-Pero ese fulgor era tan y tan real...-
-Ven.-
-Voy.-
Se arrastró con dificultad y extendió la mano, parecía que la pantalla iba a consumirle pero de pronto... ¡Pum! El sonido se materializó en un portazo. Ahí estaba su peor enemigo, su padrastro.
-¿Cuántas veces te he dicho que no puedes jugar con eso?-
-Ninguna... ninguna... ninguna... ¡Ninguna más!-
Apretó el botón "X" y, automáticamente, el niño desenvainó una espada haciendo gala de una detreza magistral. La sorpresa se reflejó en todas y cada una de sus facciones obligando a que sus ojos se abrieran de par en par mientras sostenía la susodicha espada. ¿Qué había ocurrido?
-¿De dónde ha salido eso? ¡Sueltalo!-
El niño, en un acto reflejo, volvió a apretar el botón "X" y su mano, veloz como un rayo y con la habilidad del mejor de los guerreros, le dirigió una estocada mortífera a su padrastro allá donde se situaba el corazón. El carmesí tiño sus ropajes del suave y liberador aroma de la muerte. Desdichada suerte. Los alaridos se acompasaron con la banda sonora del videojuego que trabajaba sin descanso en la consola. Apretó nuevamente el botón "X" y la última estocada arrebató su última gota de existencia maldita.
Gritó, cayó y murió.
Él, atónito, se contempló a si mismo. La sorpresa no venía a raíz del asesinato que había protagonizado, sino a que se encontraba de pie, sin ningún esfuerzo. Hacía años que era inválido y ahora, como si nada hubiera ocurrido, contemplaba desde lo alto el cuerpo mutilado de aquel que había destrozado su vida.
¿Magia? ¿Y qué ocurriría si...?
Apretó una secuencia de botones ininteligible y un haz de luz envolvió su cuerpo. Ya no había rastro del niño... tampoco del cadáver.
Horas después, una niña pequeña entró en la habitación y descubrió que el mando de la consola había desaparecido, acto seguido, posó su mirada sobre la pantalla que tenía delante y al percatarse de lo ocurrido, sencillamente gritó. ¿Qué hacía su hermano recorriéndose los confines de Wyzima dentro de la pantalla? ¿Por qué en el inventario salía como trofeo la cabeza de su padre?
-
Los gammers/roleros no estamos tan zumbados porque básicamente es imposible que ocurran estas cosas. Pero creedme, hay veces en las que ganas no faltan de quitarle toda la VIT a según que despojo humano, de huir de todo aquello que atenaza nuestra calma, sumergirnos en nuestro pequeño mundo y, sencillamente, dejarnos llevar
-----------------------------
Eru
Entre sus manos portaba el dominio del mundo entero, o quizá el de su propio universo. Sonreía de oreja a oreja, sus ojos chispeaban de emoción, la ilusión aumentaba y un delirio fugaz cruzó sus más ocultos pensmaientos.
¿Y si se colaba en aquella dimensión?
Pum. Sonó de fondo.
¿Y si se dejaba llevar un poquito más? Se acercó al foco de sus deseos...
Pum. Sonó de fondo.
Ya quedaba menos, sólo tenía que extender la mano, cerrar los ojos y olvidarse de su existencia para lanzarse a una totalmente nueva.
Pum. Sonó de fondo. El ruido se aproximaba lenta y sinuosamente, amenazante y terrorífico.
-¡Ya estoy en casa!-
Demasiado tarde. No podía huir, estuvo a punto pero, como otras tantas veces, las ataduras le impidieron alzarse. Pobre muchacho inválido, solitario e infinitamente desgraciado. Tan sólo deseaba ser como aquellos héroes de película, como Squall o cualquier otro personaje de videojuego. Pero ellos tenían piernas y un mundo a su disposición, él, en cambio, estaba al servicio del mundo, o mejor dicho, de su captor.
-Pero ese fulgor era tan y tan real...-
-Ven.-
-Voy.-
Se arrastró con dificultad y extendió la mano, parecía que la pantalla iba a consumirle pero de pronto... ¡Pum! El sonido se materializó en un portazo. Ahí estaba su peor enemigo, su padrastro.
-¿Cuántas veces te he dicho que no puedes jugar con eso?-
-Ninguna... ninguna... ninguna... ¡Ninguna más!-
Apretó el botón "X" y, automáticamente, el niño desenvainó una espada haciendo gala de una detreza magistral. La sorpresa se reflejó en todas y cada una de sus facciones obligando a que sus ojos se abrieran de par en par mientras sostenía la susodicha espada. ¿Qué había ocurrido?
-¿De dónde ha salido eso? ¡Sueltalo!-
El niño, en un acto reflejo, volvió a apretar el botón "X" y su mano, veloz como un rayo y con la habilidad del mejor de los guerreros, le dirigió una estocada mortífera a su padrastro allá donde se situaba el corazón. El carmesí tiño sus ropajes del suave y liberador aroma de la muerte. Desdichada suerte. Los alaridos se acompasaron con la banda sonora del videojuego que trabajaba sin descanso en la consola. Apretó nuevamente el botón "X" y la última estocada arrebató su última gota de existencia maldita.
Gritó, cayó y murió.
Él, atónito, se contempló a si mismo. La sorpresa no venía a raíz del asesinato que había protagonizado, sino a que se encontraba de pie, sin ningún esfuerzo. Hacía años que era inválido y ahora, como si nada hubiera ocurrido, contemplaba desde lo alto el cuerpo mutilado de aquel que había destrozado su vida.
¿Magia? ¿Y qué ocurriría si...?
Apretó una secuencia de botones ininteligible y un haz de luz envolvió su cuerpo. Ya no había rastro del niño... tampoco del cadáver.
Horas después, una niña pequeña entró en la habitación y descubrió que el mando de la consola había desaparecido, acto seguido, posó su mirada sobre la pantalla que tenía delante y al percatarse de lo ocurrido, sencillamente gritó. ¿Qué hacía su hermano recorriéndose los confines de Wyzima dentro de la pantalla? ¿Por qué en el inventario salía como trofeo la cabeza de su padre?
-
Los gammers/roleros no estamos tan zumbados porque básicamente es imposible que ocurran estas cosas. Pero creedme, hay veces en las que ganas no faltan de quitarle toda la VIT a según que despojo humano, de huir de todo aquello que atenaza nuestra calma, sumergirnos en nuestro pequeño mundo y, sencillamente, dejarnos llevar
-----------------------------
Eru




1 comentarios:
Muy divertido xD
Publicar un comentario
Deposita tu pequeño cántico etéreo sobre la memoria de Los Bosques de Cristal, pues ellos se nutrirán con todas y cada una de tus valiosísimas palabras...