En un reino muy, muy lejano vivía una princesa cuyo nombre fue olvidado. Su risa era tan musical como el más bello cántico de sirena y sus cabellos, dorados como el sol, se recogían en dos coletitas que no hacían más que acentuar cuán adorable era nuestra pequeña.

Era muy buena, maravillosa. Tan, tan mona...
Pero también inteligente.


Quiso escribir sobre su cuento de hadas. Y así lo hizo.

Habló de su vida. Juguetes, besos y sonrisas portaban aquellos arlequines del averno cuyos rostros demacrados rendían pleitesía a los designios ficticios de la princesa. Nunca supo nada sobre la niñez, pero aprendió demasiado acerca de las mentiras. 

La pequeña y dulce criatura estaba escondida detrás de la puerta, abrazándose con miedo a su osito de peluche y escuchando como su mundo idílico de felicidad y despreocupaciones, se iba quebrantando por cada palabra que pronunciaba aquel que había osado traicionar a la realeza. 

Gritos. Golpes. Desesperación. Miedo.
Demencia.
Ira demencial.
Horror.
IRA DEMENCIAL.

¡Corrió, ya lo creo que corrió! La princesita tomó entre sus dedos de cristal un regalo perteneciente a un invitado especial y enfurecida, corrió hacia el creador de martirios y cargó el arma. ¡Una rabieta de mocosa mimada!

-¡Calla. Calla. Calla. Calla. CALLA, DEJALA, MUERE, TE ODIO, MUERE!- 

Pero él seguía agarrando los cabellos de una hermosa mujer, golpeó su cabeza y masacró su felicidad utilizando el poder de la injuria. La princesa se abrazó con más fuerza a su amigo peludo,como si le diera fuerzas.

-Puta, zorra... ¡QUIEN ERA ESE? ¿EH? -

Rió con ansia y llenó la estancia del hedor a alcohol que desprendía su alma resquebrajada. A la pequeña le temblaban las manos, seguro que era porque se estaba muriendo de risa. ¡Que iba a saber una maldita cría de la vida! Lágrimas de agonía se deslizaron sobre sus mejillas, sintió que una mano invisible ahorcaba sus delirios, sintió que le faltaba aire. Sus manos temblaron tanto como un maratón de titanes pero no apartó el arma. Estaba a un paso, solo a un paso de alcanzar la libertad. ¡Porque aquello no era una vida, permanecía confinada en una mazmorra de lujos y colores desteñidos! ¡Una fortaleza de martirios en un salón de bailes malditos!

- Papá y yo estamos hablando, mi cielo, ve a la cama, no pasa nada...- Dijo ella entre lágrimas y una sonrisa forzada. El traidor sonreía con ternura, una falsa ternura que resultaba asquerosamente insultante.

- MENTIRA. No puedo más, no puedo más. No más golpes, no más gritos, no más mentiras. ¡Mamá no quiere hacer eso, mamá no es así, es todo mentira! ¡Ese demonio... ese demonio... ESE HIJO DE PUTA -Miro a la botella de wishkey y a su padre alternativamente, con ansia.- Tú... ¡TE ODIO!- Disparó.

Que mal se portó nuestra princesita. Se derramaron alfombras carmesíes en aquel largo pasillo que en pocos instantes albergaría visitas inesperadas. Fijaos si la adoraban. Su reino, oh, su reino lleno de color iría a verla junto con un presente. ¡Era su séptimo día del nombre y la llevarían de excursión a una mazmorra peor!

¿Nadie la apoya? ¿No la adoraban todos? 
Era tan, tan mona...
Pero también inteligente. Encontró una solución rápida el problema. ¡Qué había salido mal? ¿No había liberado al mundo de un hijo de puta?

-Matar está mal.- 
-Eso no es ético.-
-Nadie tiene derecho a quitarle la vida a nadie.- Él lo hizo.
-Deberíais haber llamado a la policía, mi señora. Una orden de alejamiento y arreglado.- Los fantasmas no existen, nadie le vigilaría. La niña lo sabía, pues ya tenía una edad. Hacía mucho que había dejado de creer en los reyes magos.
-Vamos a tener que tomar medidas.- ¿Pensaban contarle un cuento de fantasmas, paladines y reinos justicieros? ¿Vendría Lancelot a salvarla?

¡Oh, qué cosas! Finalmente se hizo ""justicia"", la enviaron en el calabozo del martirio, pues debían reformarla. ¡Estaba loca, había matado a su padre, debían reformarla para evitar que se trastocaran sus principios éticos y morales! 


Era muy buena, maravillosa. Tan, tan mona... que tan solo pretendía salvar a la mujer de su vida. 
Pero estalló una rebelión en su reino y pasaron de adorarla, a despreciarla. Seguro que si hubieran muerto todos menos el traidor, tanto la princesa como la reina serían amadas. Los muertos tienen ese encanto especial según parece.


Mamá se quedó en casa aguardando el regreso de su difunta niña y ella quedó confinada en la torre más inexpugnable del reino, esperando a la llegada de su Lancelot. 


Vivieron felices y comieron perdices.
Colorín colorado, este cuento se ha acabado.


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Eruriel Minai




"Silba una canción la despedida,
recita poemas el adiós,

se maquilla la melancolía,
con nostalgia y polvos de dolor.

Mas allá del sol y las estrellas
o entre las esquinas de tu amor,
puede que encontremos otra tierra
pues la profecía empieza… hoy."



Mago de Oz
--

Caminos se van trazando al compás que marcan las gotas de lluvia que empañan mi lamento con vestigios de esperanza. Anhelos ocultos van brotando de sus ojos, anhelos materializados en un ser que roza la grandeza de lo real y lo onírico.


(Clicar sobre la imagen para verla mejor.)

Bueno, aquí os dejo una ilustración que acabé ayer noche. El fondo lo he tomado de otra imagen, lo único que he cambiado ha sido la luz y el color. La chica es 100% mía y todavía estoy aprendiendo a manejarme con el Photoshop, así que rogaría críticas constructivas  y piedad por vuestra parte.



Por último debo añadir que posee dedicatoria especial. Gracias por enseñarme esa canción que tanto me inspiró y por ser tú. 

Para los interesados:
 
Kamelot- Don't you cry

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Eruriel Minai Oloori

PD: Amo Kamelot.

   El navío se perdió en el horizonte y se desprendió de los ojos lacrimosos de todos aquellos que se despedían de los viajeros agitando un paño blanco. Los muertos vivientes volvían a sus quehaceres y los que sencillamente vivíamos, imaginábamos qué clase de castillo en el aire quedaría mejor para perfilar esa lejanía desgarradora.

   Cerré los ojos con fuerza pidiendo al cielo que la imagen volviera a formar parte de la canción. Que la vida compensase el dolor de las aves que interrumpían su vuelo por orden de Zeus. Cerré los ojos reclamando que me fuera devuelto aquello por lo que tanto había sufrido. Reclamaba justicia.
  La tormenta seguía azotando los mares con furia enfermiza mientras los navíos luchaban por mantenerse a flote. Las gentes comenzaron a realizar bailes extraños alrededor de una hoguera sin fuego. Daban palmas, sonreían y se perdían entre la lluvia mientras una espiral lumínica hacía acto de presencia en aquel corro de títeres enloquecidos.
Los pájaros murieron, las lágrimas se derramaron y pregunté al cielo qué más necesitaba aparte de un vuelo interrumpido. Poco importaba lo que comandara su crueldad. Pensaba hacerlo por ti.
- ¡Que mis lágrimas cubran los campos de melancolía y que sus aguas la hagan desaparecer, que se abran mil senderos y al fin, pueda agarrar tu mano para no volver a soltarla por mandato de un adiós!- Exclamé dejándome llevar por el abrazo de uno de los bailarines, sonriente. Muerto.

   Las tempestades abundaban y la música proseguía. Seguíamos bailando mientras los ejércitos enemigos, entraban encolerizados en la aldea pesquera y apagaban la fogata imaginaria con estocadas mortíferas que invitaban al eterno óbito. Me sentí impotente, mucho. Y ya sabéis cómo se las gasta esa endiablada. Te mata casi tanto como la indiferencia de los que bailaban a mí alrededor. ¿Por qué nadie hacia nada por salvar aquello a lo que tanto apreciaba?

   Súbitamente, un dios hizo acto de presencia, tomó una batuta mágica y empezó a guiar la danza del adiós. Los caídos en batalla resucitaron con los ojos vacíos y los soldados se inclinaron ante su señor. Tenía miedo, mucho. No quería doblegarme a la rendición, no le debía ningún tipo de devoción a ese extraño dios. Éste sonrió.
- No quiero bailar, el barco de nuestros ideales se hunde. La gente finge no saber nada, la gente se pierde. Ellos olvidan. Ellos mueren.
- ¡Y qué piensas hacer, eh?-
- Vivir.-
- Sabes que no merece la pena, sería más cómodo que te dejaras perder.-
- Me niego... ¡No, soltadme, he dicho que me niego!- Me tomaron de las manos para seguir bailando. Me conducían a una fogata. No, no podía permitirlo. ¡No podía!
- Ríndete.-
- ¡Jamás! 
Que ardan los mares y caigan los cielos que por él lucharé. ¡Que las guerras recojan las flores de primavera y que las armas rieguen perlas de amor sobre los lagos que acogen nuestros corazones.  Que torne el navío. Que los muertos mueran y los vivos, aprendan a vivir.-


Entonces apareció un haz de luz y...


Se ha perdido la señal. ¿Qué habrá ocurrido?
Continuará. (Quizá)
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Eruriel Minai Oloori


Un ladrillo acaba de caer, el otro cede, el próximo se detiene cuando por fin había alcanzado la cumbre de los cielos. Sus lacayos contemplan atónitos el cambio de rumbo que el tintineo del futuro incierto sugiere no con desdén, sino con hastíos indómitos. El virar del viento deja escapar un alarido a merced del imponente destino, el cual se encarga de sesgar con rabia las pieles de aquellos idealistas que lejos de estar cerca de la verdad, por un solo instante se creyeron los reyes del universo.

El castillo se desmorona.

Cae un ladrillo, el otro cede, el próximo se detiene...

Su alma se carcome, cree encontrar la clave, pero ésta alza el vuelo y surca los cielos que el castillo desahuciado no fue capaz de alcanzar. Los idealistas contemplan de lejos su obra aparentemente derrotada, una lágrima sufriente se derrama, un abrazo sincero rodea el cuerpo del caído en batalla, y un beso se pierde en pos de las estrellas que caen del firmamento con el único fin de bañar los cuerpos de los artistas creadores de mundos y tejedores de sueños, para que no necesiten de otro fulgor que el de ellos mismos para iluminar el sendero reclamado por sus corazones desgajados.
La sonrisa de la vencida aflora en sus labios cansados de tanto esperar, la esperanza vuelve a hacer acto de presencia y los ladrillos recuperan el ritmo perdido. Ahora sus cuerpos brillan con los destellos otorgados, acarician con yemas de seda sus almas de parte a parte alejando toda duda que éstas pudieran albergar hacia la belleza que les rodea. Hacia la realidad deseada y pertenecida. El amor les envuelve, les mima y acuna. El amor protege y ampara a aquellos que son capaces de aceptarlo de buena gana.
Se atisba de lejos un imponente castillo cuyo idealismo arquitectónico, no es más que un reflejo de los sueños que pronto materializarán en un beso el día en el que finalmente hagan el amor y no la pena.



Tye malane.
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Eruriel Minai


Cada sílaba caída es como na lluvia de palabras que, al regresar a los brazos de sus océanos y ríos, forman oleajes de ideas tan poderosas que con una simple tormenta o un maremoto podrían cambiar el mundo.

Supongo que por eso los libros, la cultura y el mundo de las ideas son espectos tan poderosos a la par que peligrosos y temidos.

¿Y qué tiende a hacer el ser humano cuando algo se le presenta como una amenaza o simplemente le espanta?
Quitárselo de en medio.


Eru
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El espíritu de la luna creciente se mece entre conjeturas de futuros inciertos y vacuas esperanzas de que el impío maleficio culmine con un final feliz digno de novela.

-Déjame, déjame, déjame!- Masculló antes de ser alcanzada por el maleficio de la Bruja de la Gula. Aquella pobre criatura en ogro se convirtió y su hermosura en pútrido moho se tornó. Su rostro, antaño bello y ceniciento se quebró con la tempestuosidad de su peor enemiga; ella misma.

Miles de asquerosos aldeanos la buscaron sin descanso, deseaban contemplar su rareza digna de todo poeta, pero no encontraron lo que deseaban. El ogro saludaba anhelante a la Muerte, una que sonriente daba las buenas noches mientras se nutría de insultos y pedradas que arremetían contra la inocencia de la dama maldita. Y pensar que sería tan fácil como darle una patada en el estómago para hacer que vomite vísceras y todo lo que sobre...

Sola, sola se había quedado a merced de sus lágrimas y su cuerpo ensangrentado. No podía sonreir, no con aquellos dientes ahora amarillentos. Abrió los ojos y contempló su reflejo posado sobre las aguas del lago, uno distorsionado y aparentemente más horripilante. No se atrevía a rozarse a si misma, no cuando se creía gruesa y llena de bultos amarronados y escamas verdosas incrustadas de roña. ¿Y su voz? Oh... su voz de sirena seguía intacta. Un ogro con voz de sirena.

Pero...

La guerra de los mil huracanes había comenzado y la luna llena asomó en el firmamento. Entonces, un rostro familiar en su semblante se posó dando lugar a la inminente metamorfosis que ella protagonizaría para volver al pasado.

-Ah, los cuernos de guerra masacran mis oidos y mi corazón palpita sin freno ¿Es por la ausencia de paz? ¿Es porque he vuelto a encontrarme o porque me estoy perdiendo aun más?-

Y mientras tanto, el sonido metálico de las espadas y las armaduras de plata perforaron la calma del bosque y de carmesí tiñieron las hojas de otoño. Dos países en guerra, dos mundos y mil maremototos de pasiones indómitas que culminan en muerte y sufrimiento quebraron el equilibrio del mundo. ¿Por qué luchaban?

Porque la princesa había huido, o mejor dicho, había sido expulsada. Había crecido. ¿O quizá fue a causa del adulterio? ¿Es que nadie comprendía que casarse forzosamente era insoportable?

-Esas noches de luna llena bajo la copa del sauce maldito y unos labios ajenos a la fidelidad...-

Lástima que el sueño llegara a su fin cuando la luna comenzó a menguar. Su rostro volvió a mutar y su cuerpo también, sin embargo, aun conservaba algo de humanidad.
Cuando llegó la luna nueva volvió a ser aquel ogro del que todos se mofaban y huían al mismo tiempo. Él incluido.

-¡Soy yo!-
-Calla, engendro.-

Se sumó a las pedradas de la muchedumbre, a los insultos del gentío y a las carcajadas llenas de crueldad. No, aquel no era el Vann que había conocido. No era aquel el cuerpo que ella deseaba, no era lo que había planeado.

Y al llegar la luna llena volvió su belleza. Volvió a probar bocado, volvió a ser una mujer de cuento de hadas. Ya no le enolvía aquella hastiante rareza, por fín podría lanzarse a los brazos de su amado. Sólo por una noche.

-¡Soy yo!-
-Sí, mi dulce espíritu.-

Cayó otra vez el cuarto menguante, la fealdad nuevamente hizo acto de presencia. No se miró, tampoco se tocó. Simplemente se dirigió al lago de imágenes distorsionadas para mecerse entre ellas, al menos hasta que sus fuerzas se lo permitieran.

-¡Me corrroe, me corroe el temor, me mata la perfección, me aniquilan los nervios! Y me siento débil, me siento tan hermosa incluso ahora que la luna está menguante... vuelvo a ser una princesa. Por fín soy una princesa. Una débil y bella princesita.-

Nadie dijo que ser una princesa fuera tarea fácil. No, nadie fue capaz de advertírselo a tiempo. La muerte se había adelantado. Ahora el cuerpo de la joven, uno esquelético y lleno de cicatrices descansaba sobre un ataud de mármol. A la próxima luna llena sería enterrada con una corona de plata, un vestido de novia y un ramo de rosas blancas.

Nadie dijo que lidiar con la anorexia y la bulimia fuera tarea fácil y menos aún cuando el mundo está plagado de escoria superficial, desprovista de ánima y falta de empatía como muchos de vosotros. ¿Cuándo os daréis cuenta de que vuestra estupidez es incluso más criminal que aquellos a los que juzgáis? ¿Es que no veis que con esa actitud no hacéis más que matar gratuitamente a personas que se merecen más el aire que respiráis que vosotros? Oh, pútrida moral la que predicáis y pútrida hipocresía la que irradíais cuando os llenáis la boca de altruismos y banalidades que al final sucumben en lo mismo; egosimo barato y decadente.

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Eru


Y como un angosto sendero de árboles caídos y sensaciones perdidas, me sentía yo, aquella que en el borde del acantilado aun sosteniendo al ángel entre mis brazos divagaba sobre lo puta que era doña esperanza, una hermosa dama de alta alcurnia que sabía cómo seducirte para hacerte creer que fría cortesía y deliciosa calidez van de la mano, gesto efímero que se desvanece al separar con amarga lentitud todos y cada uno de sus dedos; un, dos, tres, cuatro y cinco. Se dejan caer, vuelven a toparse con el aire y navegan entre las aguas de lo fugaz dando a entender que lo que una vez fue todo, ahora es nada y que esa nada, sigue siéndolo todo.

Súbitamente el ángel que se hallaba recostado en mi regazo envuelto entre haces de cegadores destellos escapó de mi encadenamiento y en su lugar numerosas plumas grises como un día de tormenta se dejaron caer a mi alrededor. ¿Qué había pasado? ¿Por qué, por qué el amor de mi vida había desaparecido? Espera... miré a lo lejos, entre sorprendida y presa del pánico y, con suma incredulidad, fijé los ojos en la figura angelical que a muchos metros de distancia se hallaba contemplándome de lejos, no supe distinguir si la perforante mirada que clavó sobre mi tez era de temor o cariño, no supe distinguir si era auténtica o si era fruto de los espejismos que últimamente me había empeñado a creer, esos espejismos que con una simple grieta se quiebran, se rompen, se clavan en tu pecho y, como otras veces, te matan por dentro recreándose en cada herida infectada, recreándose en el dolor del perpetuamiento de la vida cuando desea la muerte. Tortura, tortura y más tortura.

-¡Maldita e impía tortura, deja de perseguirme, déjame vivir en paz, déjame realizar mis sueños y lárgate, márchate! -

Una voz trató de tranquilizarme, una voz con sospechosa tonalidad de ángel...

¡Me recluyo, me alejo, vuelvo a mis bosques, vuelvo a mi amparo y huyo de los huracanes emocionales, huyo de la vacua esperanza, huyo de la luz! Alabada sea mi cobardía, alabado sea mi temor y alabada sea la capacidad que tenemos los seres humanos para destruir todo lo que creamos, todo lo hermoso que creamos. El dios de lo efímero impera, el repugnante dios de lo efímero domina nuestra existencia, nuestro día a día, nuestro todo. ¡Big bang? ¡Alá? ¡Bah! Efímero es Dios y padre de todos nosotros. Aquella explosión fue efímera, la bondad de alá fue afímera y los milagros fueron efímeros. ¿Qué queda ahora? El vestigio de que aquello una vez existió, un recuerdo irrepetible, una sensación eternamente anhelada, efímeramente representada y perpetuamente desechada. Todo funciona de tal modo, todo sigue ésta misma corriente, ¿y qué queda?¡Qué queda? Nada. La nada y el todo, el todo y la nada, lo que vuelve a ser todo pero que a la vez, te hace sentir como una nada que anhela un todo. Vacío.
¡Y más anhelos se imprimen en mi pecho, más anhelos azotan mi mente, mi caótico caos de pensamientos, éstos que ahora tengo a flor de piel, éstos que a base de punzadas y golpes impíos han arrancado de mis ojos litros y más litros de lágrimas que deseaba guardar, unas que ahora se deslizan por mis mejillas mientras exclamo al silencio todo lo que llevo dentro. Una de ellas acaba de caer sobre mi mano derecha, me la llevo a los labios y la saboreo... es salada, es dulce también, me gusta su sabor, me gusta su contradicción, me apasiona su significado pero a la vez me mata, es veneno. Veneno queahora acaba conmigo, que se sigue acumulando en mis ojos, me nubla la vista, me dificulta la respiración y...
y...
y...

-¿Sigues ahí?-

Veo una silueta, sigo viendo plumas, aquello parecía una sonrisa, eso otro una nueva voluntad, una nueva esperanza. Retrocedo temerosa y miro a mi alrededor en busca de una voz que me aliente a correr a abrazarte, pero no oigo nada. Busco una prueba sólida que me garantice la veracidad de tus palabras, pero no encuentro nada. Sólo la oigo a ella, a ella, una vieja amiga, ¿Desconfianza o Cautela? Nunca me dijo cuál era su verdadero nombre. Sólo sé que me tira del brazo y trata de alejarme de ese lugar, trata de apartar mis ojos de tu silueta, pero permanezco anclada, contemplándote de lejos, debatiéndome entre el deseo de abrazarte y no soltarte jamás y huir.
Empiezo a creer que su verdadero nombre es Miedo.

-¿Merecería la pena arriesgar? ¿Merecería la pena arriesgarme a sufrir otro golpe? ¿Mereció la pena entonces?-

Nadie me respondió, solo tú. Y yo me quedé allí, otra vez anclada, observando, esperando al todo que a la vez es nada, y sigue significándolo todo.

-Me gustaría saber en qué momento decidiste volver a tus tierras, Richard. También me gustaría saber cómo diantres llegaste a mis dominios, como diantres... has arrancado de mis labios un te amo que todavía flota en el aire. ¿Por qué cedí?-

Más incógnitas, más dudas, más condenas, más momentos efímeros, y otras incógnitas, y otras condenas y suma y sigue, y la historia se repite y vuelve allá donde no debería haber empezado, y el caos se vuelve a adueñar de mi mente, los pensamientos se atropeyan y ...

-¡Basta, basta, basta, basta!-

Te observo de lejos con el rostro empañado de lágrima, con las manos apretujándose sobre mi cabeza en un vano intento de adormecer el caos de emociones y pensamientos que se aglomera en mis adentros, y sigo dudando.
Y sigo jugando a la vida junto con Desconfianza, Cautela y Miedo.
¿Eres real, ángel?
¿Fuiste real?

-¿Sigues ahí?-

---
Eru

Bosques de Cristal

Paz y Belleza. Ellas son sin duda alguna, las protagonistas del paisaje nocturno que se halla ante ti. Los cielos poseen un fulgor violáceo y azul marino; un brillo perpetuo, una danza lumínica perpetua.
El aire que se respira es fresco y natural, muchos aseguran que semejante brisa milagrosa tan solo puede ser obra de una caricia celestial.
Y las aguas danzan tranquilamente al ritmo que marcan los vaivenes del viento.

A medida que vas avanzando, te percatas de algo extraño; A pocos metros de ti, puedes apreciar un pequeño grupo de árboles cristalizados. En sus troncos vidriosos se hallan unos penetrantes ojos záfiro que se clavan en los tuyos con una intensidad insólita. Te observan, te siguen de cerca...

-Saludos, viajero...- Susurra una voz en tu mente. -En éste lugar a través nuestros rostros cristal, encontrarás textos, algún que otro dibujo y quizá audiorelatos. Se trata de la pequeña creación de una muchacha que a veces dedica su tiempo libre en éste tipo de cosas.-Pausa.- Y sin más dilación, te doy la bienvenida. Espero que disfrutes de tu estancia.-

Murmullos del viento

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