Ella prevalecerá. Eso es algo que todos intuimos y nadie manifiesta  quizá por arrogancia o quizá por miedo. Algo que se instala en nuestros adentros, algo que nos arranca suspiros de vanidad que pugnan contra el afán de abandonar un alarido infernal que no contento con apelar el nombre de la ascensión, teme descender y volar a ras de la desazón. Congela nuestras entrañas el miedo a que las ramas escondan los cielos del mañana, que redunden las ilusiones del ayer y que masacren los pilares construidos en honor al recuerdo y al sueño imperecedero. Dar un paso, sentir la caricia de las brumas del tiempo, dar otro paso y sentir que comienzas a hundirte, no sabes si has tropezado o si realmente te has topado con las arenas movedizas que la cobardía alimenta con su vileza.


No lo sabes. ¿Es el egocentrismo de tu presunta miserable existencia aquello que te ciega o realmente necesitas una caricia para recordar que sigues vivo?

Aparté los cadáveres que, tentados por la promesa de la ascensión libertaria, envolvieron de carmesí mis manos. Ahora su recuerdo descansa alrededor de mis muñecas en forma de elegantes cicatrices; cicatrices que ondean deseando desprenderse del encadenamiento al que han sido sometidas. Aquellas pobres víctimas no sabían que abrazar la libertad que sólo la Ascensión puede brindar, es una invitación a la susceptibilidad frente al descenso, un placer auto destructivo cuyo afán es llenar la atmósfera de plenitud. ¡Y esa plenitud es verídica, por supuesto, pero la pena nos envuelve cuando el néctar de la vida escapa por una grieta reciente, cuando una de las cicatrices se abre y el carmín escapa de su prisión mientras se deja caer en el fango de la desesperación! ¿Lo más gracioso de todo? Después te empeñas en recuperar la cicatriz, arrebatar su dolor con la suave caricia de las aguas cristalinas y volver a sentir la sonrisa  vacía que luces día a día.



Derroté hasta al último de mis enemigos, los masacré con furia enfermiza y los bosques lloraron las muertes de mil máscaras sufrientes y convicciones quebrantadas. Sonreí y suspiré aliviada cuando me percaté de que la batalla había virado a mi favor, pero... ¿de veras es sinónimo de victoria una guerra en la que ha habido tantísimas muertes? ¿O sólo es otro reflejo de la vanidad del ser humano? ¿O una prueba inequívoca de que algo te importa demasiado?

¿Es que no somos más que mártires del anhelo?  Sí, sólo somos eso, un anhelo únicamente materializado cuando la pérdida es una realidad y la obtención, una quimera de lo que habita en el olvido.


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Eru

2 comentarios:

Bien! Ya era hora de volver a leerte :3

Gracias :)

¡Muchas gracias por estar siempre ahí! Literariamente eres un compi sublime. <3

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Deposita tu pequeño cántico etéreo sobre la memoria de Los Bosques de Cristal, pues ellos se nutrirán con todas y cada una de tus valiosísimas palabras...

Bosques de Cristal

Paz y Belleza. Ellas son sin duda alguna, las protagonistas del paisaje nocturno que se halla ante ti. Los cielos poseen un fulgor violáceo y azul marino; un brillo perpetuo, una danza lumínica perpetua.
El aire que se respira es fresco y natural, muchos aseguran que semejante brisa milagrosa tan solo puede ser obra de una caricia celestial.
Y las aguas danzan tranquilamente al ritmo que marcan los vaivenes del viento.

A medida que vas avanzando, te percatas de algo extraño; A pocos metros de ti, puedes apreciar un pequeño grupo de árboles cristalizados. En sus troncos vidriosos se hallan unos penetrantes ojos záfiro que se clavan en los tuyos con una intensidad insólita. Te observan, te siguen de cerca...

-Saludos, viajero...- Susurra una voz en tu mente. -En éste lugar a través nuestros rostros cristal, encontrarás textos, algún que otro dibujo y quizá audiorelatos. Se trata de la pequeña creación de una muchacha que a veces dedica su tiempo libre en éste tipo de cosas.-Pausa.- Y sin más dilación, te doy la bienvenida. Espero que disfrutes de tu estancia.-

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